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La filosofía en los institutos del siglo XXI




La Historia de la Filosofía es la asignatura que, como profesor, más que gusta impartir. Se da en 2º de bachillerato, a un alumnado prácticamente adulto, y sus contenidos me encantan: me gusta enseñar cómo surge la filosofía en las colonias de la antigua Grecia, cómo fue la pugna entre razón y fe en la edad media, cómo la razón va ganando autonomía en la modernidad, o la críticas a esa misma razón moderna a partir del siglo XIX. Para mí es un gran placer enseñar las grandes aportaciones de Platón, de Aristóteles, de Tomás de Aquino, Kant, Marx o Nietzsche. Pero en la línea que ya he dicho en otro sitio tengo que reconocer que, tal vez, esta asignatura no debería estar en el currículo de bachillerato. Otras tampoco, pero voy a hablar de la mía. Tampoco soy el único que lo piensa: Roberto Augusto piensa algo parecido.

La Historia de la Filosofía es una asignatura de especialistas, en concreto, de especialistas de la filosofía. No pasa así con la Filosofía que se enseña en 1º de bachillerato. La de 1º tiene un formato sincrónico, más temático: sirve de introducción a la filosofía, mostrando sus grandes áreas de trabajo y las principales ideas y teorías en cada una a un nivel básico. La de 2º tiene un enfoque diacrónico: plantea todo el desarrollo de la filosofía desde sus orígenes hasta la actualidad, destacando los hitos, autores y corrientes principales (los presocráticos, Platón, Aristóteles, la escolástica, el racionalismo, el empirismo…). La de 1º me parece imprescindible en el bachillerato, e incluso en 4º de la ESO, porque también me parece importante para quienes no hagan bachillerato. A mi modo de ver, el objetivo de la enseñanza secundaria y el bachillerato es formar individuos autónomos en el marco de nuestra sociedad, y esa autonomía implica también la reflexión filosófica acerca de la propia sociedad y la realidad, como forma de incidir en el necesario pensamiento crítico que debe tener todo individuo autónomo (pensamiento crítico que necesita de la filosofía pero que no se agota en la filosofía: las ciencias, las humanidades y las artes también aportan su parte en la formación del pensamiento crítico). En otro texto decía que la educación obligatoria y el bachillerato deben enseñar lo básico pero suficiente para que los jóvenes puedan ser individuos autónomos. Aprender la Filosofía de 1º me parece básico, pero la Historia de la Filosofía de 2º me parece más que suficiente: me parece una especialización innecesaria. La Filosofía de 1º ya aporta lo suficiente de historia de la filosofía al explicar las principales teorías en cada tema. De la misma forma pienso de la física o las matemáticas. Considero imprescindible saber lo básico de física o matemáticas para desenvolverse en el mundo actual. Pero me parecería excesivo que todo el mundo estudiase en bachillerato Historia de la Física o Historia de las Matemáticas. Entre otras cosas porque esos contenidos están obsoletos: la física de Aristóteles, hoy día, solo tiene valor anecdótico o, si acaso, valor incalculable pero solo para quien tenga interés académico en la historia de la física. Para ser un individuo autónomo en la sociedad no creo que haga falta conocer la física aristotélica, igual que para sumar, restar… o hacer ecuaciones supercomplejas con las que diseñar aceleradores de partículas no es imprescindible ni siquiera saber quien fue Euclides ni Al-Juarismi. No estoy diciendo que no haga falta en absoluto saber eso, ni que no sea interesante o enriquecedor, para eso están las universidades, lo que digo es que no hace falta que lo sepa un alumno que termina bachillerato.

Y si lo anterior pasa en física o matemáticas, también en filosofía. Muchas de las principales teorías de los filósofos más importantes de la historia de la filosofía son totalmente obsoletas o están directamente equivocadas: la cosmología de Platón o Aristóteles, las teorías asociacionistas de los empiristas respecto de la percepción y la cognición, el dualismo mente-cuerpo de Descartes, etc. Dichas teorías podrían tener sentido si se explicaran como introducción a las teorías actuales sobre esos mismos temas, pero no explicadas así tal cual. Sin conocer el estado actual de la cuestión en neurociencia acerca del cerebro, la conciencia y la voluntad, estudiar el dualismo cartesiano no sirve de nada. Si acaso para confundir e introducir prejuicios que luego dificultan comprender lo que las neurociencias dicen al respecto. Es como estudiar el creacionismo bíblico, o incluso el darwinismo, si luego no te explican la teoría sintética de la evolución. La historia de la filosofía como asignatura podría tener sentido, si acaso, si se reformulara en sentido inverso a como actualmente se enseña. Ahora mismo todo el peso de la asignatura cae en la edad antigua (Platón y Aristóteles, sobre todo), la edad media (Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Ockham) y la edad moderna (Descartes, Hume, Kant). De la edad contemporánea se estudia solo el siglo XIX, y concretamente a Marx y a Nietzsche. Del siglo XX y la actualidad casi nada, porque para entonces no quedan casi días de clase y se ve rápidamente y mal. Es como si el profesor de Física se enredara en Aristóteles, en Galileo y en Newton y dejara para las últimas semanas del curso a Einstein, Bohr, Planck, Heisenberg, Schrödinger, Feynman, etc. Más bien debería ser al revés: dedicar el primer trimestre a toda la filosofía anterior al siglo XIX apuntando sus notas más importantes, y dejar los dos trimestres siguientes a la filosofía más actual: positivismo, utilitarismo, marxismo, vitalismo, filosofía analítica, hermenéutica, marxismo, escuela de Frankfurt, filosofía de la ciencia (Popper, Kuhn, Lakatos), filosofía política (Rawls, Arendt), neurofilosofía, etc. Que el alumnado conociera lo principal de la filosofía de los últimos siglos con la perspectiva de las épocas anteriores, pero no es de recibo que un alumno sepa mucho mejor que pensaba Agustín de Hipona o Averroes que lo que ahora mismo están proponiendo Jürgen Habermas, Daniel Dennet o Patricia Churchland.

Pienso igual de la filosofía de 1º. Aún pareciéndome totalmente necesaria, habría que reformular sus contenidos para traerlos más a lo que actualmente se está haciendo en filosofía que hacia lo que se hizo hace siglos. La producción filosófica en el ámbito de la neurociencia no solo es mucho más actual sino más útil que saber lo que pensaron Descartes o Hume sobre el alma. Los retos que hoy día nos plantean la genética, la clonación, la bioética y las neurociencias en general no pueden abordarse desde Descartes o Kant. Las teorías políticas de Rawls, Nozick o Habermas no tienen nada que envidiar a las de Hobbes, Locke o Rousseau aunque se basen en ellas en última instancia, pero quienes dicen algo sobre el mundo de hoy son aquéllos y no éstos. Lo que de útil haya en Hobbes, Locke o Rousseau ya está en lo que nos dicen Rawls, Nozick o Habermas, pero lo que de útil haya en Rawls, Nozick o Habermas no podemos saberlo con Hobbes, Locke o Rousseau. Salvo que pensemos que el conocimiento no es acumulativo o que la realidad política no ha cambiado lo suficiente desde la época de los contractualistas. Insisto con más ejemplos: es como si el profesor de química se empeñara en enseñar teoría atómica explicando a Leucipo y Demócrito, ¡o a Paracelso!, e ignorando a Rutherford, Bohr, Sommerfeld, etc.

Todo lo anterior no significa que esté proponiendo reducir la filosofía a solamente 1º de bachillerato (o 4º ESO). Al revés, considero que debe haber más filosofía en Secundaria y bachillerato. Porque la filosofía puede aportar mucho más que historia de la filosofía. Para empezar, me parece que las asignaturas de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (ECDH) y la de Ética Cívica deberían seguir existiendo en vez de desaparecer como va a ocurrir con la nefasta LOMCE. La formación de individuos autónomos implica necesariamente que conozcan, y reflexionen críticamente, nuestro sistema político, la democracia, sus instituciones, los derechos y deberes, así como los principales problemas morales y las principales perspectivas y teorías éticas para abordarlos.

La religión como asignatura confesional debería estar fuera del currículo desde hace mucho tiempo. La educación entendida hacia la autonomía de los individuos es incompatible con el adoctrinamiento religioso. Pero un conocimiento básico del hecho religioso, de las diferentes religiones y teorías hacia lo religioso, incluyendo el ateísmo y el agnosticismo, sí me parece necesario para comprender el mundo actual en su diversidad y complejidad. Y el profesorado de filosofía es el más adecuado para enseñar estos contenidos a un alumnado cuya sociedad, hoy día, es plural y heterogénea, y que necesita marcos de convivencia en la diversidad, marcos que necesariamente pasan por el laicismo. Una complejidad que no se agota en la multiplicidad de religiones e ideologías, sino también de culturas y tradiciones, con el grave problema de dos extremos: el etnocentrismo y el relativismo cultural. Conocer, valorar y articular el pluralismo cultural, y las claves para la convivencia en la diferencia, es otra aportación imprescindible que el profesorado de filosofía puede hacer desde sus conocimientos de la Antropología.        

Una actividad recurrente en las clases de filosofía es la realización de debates. Lo que no tengo tan claro es si con eso estamos enseñando o más bien estropeando al alumnado. En la práctica, lo que el alumnado aprende es simplemente a decir lo que se le ocurre en el ese momento, confundiendo así opinión con ocurrencia. Y llegan a la conclusión (relativista) de que cada uno tiene sus opiniones, tan válidas unas como otras. Lo que no es cierto. Una opinión vale lo que valen los argumentos y pruebas que la sustentan. Y no todas están igual de sustentadas. Si no queremos llegar a un mundo en el que lo mismo valgan las opiniones de médicos que de curanderos, de astrónomos que de astrólogos, parece una necesidad enseñar algo así como Lógica y Argumentación. Enseñar al alumnado los aspectos básicos de la lógica, de la inferencia formal, de la construcción de argumentos, de la detección de falacias y sofismas, etc.
           
La filosofía tiene mucho que aportar en el sistema educativo. Pero no tal y como está planteada ahora mismo. Para acabar, decir que no se trata solo de que la filosofía pueda darse en otras asignaturas distintas a las que ahora mismo se da, sino que la propia concepción de las asignaturas debe replantearse también. No solo las de la filosofía, también otras, pero sigo centrándome en la mía. La función del profesorado en el siglo XXI no puede seguir siendo la del siglo pasado. El mundo ha cambiado. Antes, uno de los problemas en la educación era el acceso a la información. La información estaba en unos pocos textos y en los cerebros de unos cuantos capaces de leerlos, entenderlos y transmitirlos a su vez a otros. El papel del profesor era el de transmisor de conocimientos, intermediario entre el saber y el alumnado.

Hoy día ya no es así, afortunadamente. El acceso a la información, sobre todo por Internet, es universal y directo. Ningún alumno necesita que su profesor concreto le explique la teoría del acto y la potencia de Aristóteles: hay webs que lo explican mucho mejor incluso. El problema ya no es ese, ahora el grave problema es el contrario: el exceso de información y de basura informativa. El reto para el profesorado es enseñar a acceder, filtrar y manejar la información, así como a producir información de cierta calidad, y aplicarla en casos concretos. Enseñar al alumnado a aprender por sí mismo desenvolviéndose con cierta soltura en toda esa maraña informativa. Y lo anterior significa también aprender y enseñar a convivir de forma natural con las nuevas tecnologías. El cuaderno y el bolígrafo, la tiza y la pizarra, deben pasar definitivamente a los museos etnográficos del siglo XX. En vez de rebelarnos contra las tablets, los teléfonos móviles o las redes sociales, debemos incorporarlos al aula. Que el alumnado acceda a wikipedia vía móvil dentro del aula debe parecernos tan natural como que busque una palabra en el diccionario o como que use la calculadora. Añorar el cuaderno y la tiza es como preferir el rollo de papiro una vez inventada la imprenta. Y lo siento por los copistas que se quedaron sin función, pero pienso que la humanidad en su conjunto ganó con el cambio. De la misma forma, la enseñanza de la filosofía y sus contenidos en la educación secundaria y el bachillerato deben reformularse y adaptarse a lo que necesitamos hoy en día. Y la filosofía tiene mucho que decir en todo esto.

Andrés Carmona Campo. Licenciado en Filosofía y Antropología Social y Cultural. Profesor de Filosofía en un Instituto de Enseñanza Secundaria.


Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo en todo lo que dices, pero con reservas:

    1) No estoy convencido de que pasar por alto en secundaria la historia de la Filosofía, por muy erradas que estén las ideas precientíficas, sea lo mejor. Creo que son conocimientos necesarios para la formación general de una persona, como lo es el significado de un crucifijo con independencia de si se cree en él.

    2) Lo que en mi opinión se debería hacer es mantener la Historia de la Filosofía donde está, en el segundo curso, e incorporar al currículum una inédita, Pensamiento Crítico, como muchos escépticos defienden, e incorporarla pronto, no en 2º de Bachillerato. El pensamiento crítico está implícito en todas las materias, pero es insuficiente.

    3) La Administración no te va a hacer caso ni a ti ni a mí ni afortunadamente a muchos lunáticos que proponen todo tipo de sandeces, ya que la fuerza de la tradición es muy fuerte. Por increíble que parezca, tú estás impartiendo exactamente los mismos contenidos que yo aprendí en el instituto, y lo mismo se puede decir de las demás materias. Y, como bien observas, con los mismos medios: tiza y lápiz (hace unos años incorporé a mis asignaturas las TIC, y este curso acabaré de pasar todos los contenidos al formato de vídeo, razón por la cual no sólo mis compañeros sino incluso los alumnos me miran raro).

    Y en el fondo, puede que ese inmovilismo sea preferible. No lo digo porque sea el responsable de que mis materias -la Cultura Clásica, el Griego y el Latín- sigan en su sitio, sino porque estoy seguro de que si los políticos con sus pedagogos metieran mano de verdad en el sistema educativo, "adaptándolo a las necesidades del siglo XXI", la debacle sería innombrable. Prefiero una educación aristocrática y obsoleta a un jardín de infancia posmoderno.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, José:
      1) No digo que no haya que enseñar nada de historia de la filosofía, sino solo lo suficiente o necesario para esa formación básica del alumnado que decía, exactamente igual que algo de historia de la física o de la química hay que enseñar para que se entiendan bien algunos contenidos. Lo que me parece excesivo es una asignatura específicamente para eso. Creo que con la historia de la filosofía que ya se enseña en la asignatura de Filosofía de 1º es suficiente. Con tu ejemplo: una cosa es explicar que un crucifijo es el símbolo de la religión cristiana porque a su fundador lo mataron en una cruz, y otra cosa es explicar que al principio los cristianos no usaban la cruz como símbolo sino el pez, que la primera representación de Jesús crucificado es de origen pagano y como burla (grafito de Alexámenos), que se universalizó en el cristianismo a partir de Constantino, que católicos y ortodoxos usan tipos distintos, etc.
      2) No creo que haga falta una asignatura específica de Pensamiento Crítico (aunque sí una de Lógica y Argumentación). Creo que el pensamiento crítico debe ser lo que antes llamaban un contenido transversal y ahora una competencia: algo que deben trabajar todas las asignaturas. No creo que TODO lo que es deseable que aprendan los individuos deba enseñarse necesariamente en forma de asignaturas: muchas de las cosas que aprendemos no lo hacemos precisamente de esa forma. Y, además, ¡afortunadamente!
      3) De acuerdo por distintas razones: ya digo en el texto que una reforma de consenso me parece imposible. Aunque tampoco creo que cualquier cambio en el sistema educativo conduzca, necesariamente, a un jardín de infancia posmoderno: no creo que la educación tal cual está ahora sea la mejor de los mundos posibles.

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