21 de enero de 2018

Salarios (o sobre la tesis del «goteo» o «derrame»)

«Aquel que recibe un beneficio con gratitud paga la primera cuota de su deuda». (Séneca)

Por José María Agüera Lorente

La teoría del trickel-down (literalmente «goteo hacia abajo») tiene su origen en una vieja idea del filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel, quien en 1904 entendió que la moda se difunde conforme a un proceso de transferencia de la forma de vestir y de los gustos desde las clases más altas a las más bajas según procesos de imitación y diferenciación; igual que el fenómeno físico del goteo, desde arriba hacia abajo. Ochenta años después la metáfora se trasladó al campo de la economía, dando lugar a la tesis del «goteo» o «derrame», según la cual sólo el crecimiento económico puede erradicar la pobreza. Inserto en esta tesis está el supuesto de que únicamente una política favorable a las capas más ricas de la población (como la relativa a impuestos que pretende implementar el señor Trump y que impulsa el dumping fiscal en toda Europa) generará los beneficios suficientes que acabarán por descender tarde o temprano –«goteando»– a los estratos sociales más desfavorecidos y finalmente inundado de riqueza –aunque sea en diferente medida– a todo el mundo.
Esta teoría es congruente con un modelo social definido por la concepción económica de libre mercado de acuerdo con el cual existe una élite de triunfadores sociales que constituyen la locomotora del desarrollo económico; son los empresarios y los grandes inversores, a los que se denomina de un tiempo a esta parte «emprendedores», término que tiene connotación evidentemente meliorativa, cargado de mérito, y que contrasta con el demérito que representa paradigmáticamente la mediocridad del gris funcionario, que más bien obstaculiza el que ese «espíritu emprendedor» dé sus frutos por las resistencias burocráticas que le opone. Ello es un elemento más que refuerza el dogma de la meritocracia. La conclusión de este planteamiento es de una lógica impecable (e implacable); lo enuncia con una claridad meridiana Marco Revelli en su libro contundentemente titulado La lucha de clases existe... ¡y la han ganado los ricos!: «Por consiguiente, al favorecer a dichas figuras, se genera un mecanismo virtuoso que, espontáneamente, crea riqueza añadida, y en parte la redistribuye en virtud de una especie de «fuerza de gravedad» natural, sin que la intervención del Estado llegue a obstaculizar o atascar el mecanismo». Igual que el mito bíblico del maná; aunque en su caso se trataría de una ley de la economía, equivalente a cualquier ley de la física.
Y como no hay nada como una buena fórmula algebraica o expresión geométrica para dar empaque epistémico a una idea, la teoría del trickle-down halló su legitimación matemática en una curva concebida por un migrante bielorruso, Simon Kuznets, nacido en 1901, llegado con su familia a Estados Unidos en 1922 y premio Nobel en 1971. Su curva nos viene a decir que un crecimiento económico acelerado produce en una primera fase desigualdades hasta llegar a un punto de inflexión a partir del cual comienza a generar igualdad (véase imagen más abajo). Ahora bien, el aludido modelo matemático no pretendía ser otra cosa que una representación de los resultados del estudio del ciclo económico a largo plazo que caracterizó a los países de primera industrialización, como nos advierte el mismo Marco Revelli: «Así pues, el modelo no pretendía poseer un valor predictivo (ni mucho menos prescriptivo)». Será entre los años setenta y ochenta del siglo pasado, con el arranque de la ofensiva ideológica neoliberal sacralizadora del capitalismo de libre mercado, que el modelo mutará en axioma con el fin de neutralizar las críticas contra la economía de la oferta por sus efectos acrecentadores de la desigualdad y para, en definitiva, defender ante los gobiernos de todo el mundo el cínico eslogan «grow now, worry about poor later» (crece ahora, y después preocúpate por los pobres).

Es particularmente en los salarios donde se puede constatar que esa riqueza generada por los emprendedores llena los bolsillos de los que no lo son. En el caso de España, sin embargo, la perspectiva de mejora de ingresos para los trabajadores, propiciada desde el gobierno con la tan cacareada recuperación económica, se ha visto defraudada una vez más por el sector empresarial, que no admite una subida superior al  2% cuando se esperaba del 3% en un momento en el que vuelve el incremento de los precios. En Europa en su conjunto ha aumentado la dispersión salarial desde el inicio de la última recesión. Con su fin no ha disminuido. ¿Puede ser debido al desmantelamiento de los sistemas de negociación colectiva y a la estrategia de debilitar a los sindicatos para negociar salarios y condiciones de trabajo? Porque a decir de los profesores Antonio Ariño y Juan Romero, autores del libro La secesión de los ricos, «allí donde se mantienen marcos de negociación colectiva el nivel de los salarios es, en promedio, más elevado». El dato es que, dejado al albur del mero crecimiento económico, la evolución de los salarios en Europa manifiesta un insignifcante incremento desde el año 2000, y en los países del sur son ahora inferiores a los del año 2000 o 2001. Al mismo tiempo se abre una brecha en el seno de la clase trabajadora entre quienes tienen estabilidad en sus puestos de trabajo y mantienen retribuciones dignas (los empleados públicos, y obreros de las grandes empresas industriales, por ejemplo) –que serían los llamados insiders– y el nuevo proletariado de servicios, en precariedad crónica y deficientemente pagado –los outsiders–. Un endiablado nuevo rompecabezas social para los sindicatos y los partidos de la izquierda, el cual en buena medida explica la crisis de sus propuestas políticas (aquí traté esta cuestión). Si centramos nuestra atención en España, a partir de 2013 nuestro país disfruta de un sostenido crecimiento del PIB y de una revalorización del capital en acciones al mismo tiempo que se observa un triple fenómeno que señalan los profesores Ariño y Romero: «una caída brusca de la remuneración de los asalariados, que se manifiesta en el crecimiento de la categoría de 0 a 1 SMI [salario mínimo interprofesional], territorio claro de la precariedad y la temporalidad; un incremento de los salarios que cobran los grupos más altos, muy especialmente los que perciben por encima de 5 SMI, y en consecuencia, un distanciamiento salarial entre quienes se sitúan en el tramo de 0-0,5 SMI  y los que perciben más de 10 SMI».
Algo no cuadra con la tesis del «goteo». Por eso Mario Bunge en su ambiciosa obra Filosofía política la incluye en la lista de «mitos que todavía circulan por la comunidad de las ciencias sociales», mitos que la estadística económica y el análisis económico deben contribuir a erradicar, como he querido apuntar en lo expuesto hasta aquí.
Crecer, crecer y crecer económicamente es la piedra filosofal de la ideología del libre mercado. Pero   ¿hasta dónde debe crecer el PIB para que el cuerno de la abundancia del mercado derrame sus dones en cantidad suficiente en las copas de los más favorecidos de forma que rebosen y dejen derramar algo de riqueza para los menos pudientes? No hay ley natural que lo marque, ya que no es el efecto de causas impersonales, sino de decisiones. Con la promesa de la metáfora de la marea que levanta todos los barcos a la vez la mayoría de países llevan tres décadas poniendo en práctica políticas de libre mercado. Según afirma el economista Ha-Joon Chang en la introducción de su libro 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo el resultado, incluso antes de la última debacle financiera, es un crecimiento más lento, una mayor desigualdad y más inestabilidad en casi todos los Estados. El estancamiento de los salarios acompañado de un aumento de las horas trabajadas, que forma parte de este aciago cuadro, se inicia en los EEUU de Norteamérica en los años setenta; ha sido la eclosión del consumo a crédito –que ha alcanzado categoría de institución universalmente imprescindible en todos los así llamados países desarrollados– la que lo ha disimulado a cambio –eso sí– del incremento notable de la deuda de los hogares, fenómeno que dicho sea de paso forma parte del crecimiento monumental del sector financiero de la economía, y que acontece a escala mundial en detrimento del sector productivo (financiarización de la economía, sobre la que advirtió John Maynard Keynes en estos términos: «cuando el desarrollo capitalista de un país se vuelve un subproducto de las actividades de un casino el trabajo está claramente mal hecho»).
En consecuencia no cree Ha-Joon Chang que el libre mercado por sí solo revierta la actual tendencia a la desigualdad. Tampoco lo prevé Thomas Piketty en su muy leído libro de hace unos años titulado El capital en el siglo XXI. Y un informe de la OCDE de 2015 les da la razón, así como el último de Oxfam Intermón recién publicado con el explícito título de Premiar el trabajo, no la riqueza.  En la misma línea que los dos economistas mencionados, el Premio Nobel de Economía Jean Tirole duda de que en el futuro inmediato existan «suficientes empleos remunerados con unos salarios que la sociedad considere decentes». En su libro publicado en castellano el año pasado y que lleva por título La economía del bien común reconoce la incapacidad del libre mercado para corregir injusticias como la que aquí he expuesto en relación a los salarios. «Esa es la razón –dice– por la que la búsqueda del bien común pasa en gran medida por la creación de instituciones cuyo objetivo sea conciliar en la medida de lo posible el interés individual y el interés general. En este sentido la economía de mercado no es en absoluto una finalidad». O dicho de otro modo: el «goteo» o «derrame» sin más no puede hacer milagros.

Cooperación, complejidad y evolución abren el camino a mayores capacidades cognitivas

Este es el dilema del prisionero, del que ya hemos hablado aquíaquíaquíaquí y aquí: Si A y B cooperan, ambos ganan 5. Si solo uno coopera, el otro gana 6 y el que coopera gana 0. Si ninguno coopera, ambos ganan 1.

Egoísmo

Un comportamiento egoísta implicará que, en una interacción aislada entre A y B ninguno coopere. La tabla siguiente representa el juego, en donde se ve claramente haga lo que haga el otro, cada uno prefiere no cooperar.
 Altruismo

Si el comportamiento no es egoísta, podrán cooperar. Por ejemplo, si la ganancia de una unidad del otro le importa a cada tanto como la ganancia de media unidad para sí mismo, ambos querrán cooperar. Así, por ejemplo si los dos cooperan, ambos disfrutan de su ganancia de 5 más un disfrute por el bienestar del otro que equivalente a ½ de los 5 que gana el otro. La tabla sería la siguiente, donde se observa que cooperar es siempre mejor:
Coacción

No hace falta ser altruista para lograr la cooperación. Si A y B son parte de un clan que castiga con -10 a quien no coopere, en el nuevo juego también se cooperará:
Reciprocidad

Si la interacción entre A y B va más allá de un encuentro ocasional y tienen que decidir si cooperar o no cada día (o cada mes o año) de manera indefinida no hace falta altruismo ni castigos externos, basta con una estrategia de reciprocidad (visualizada en la imagen):
“comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y no cooperaremos si en el pasado alguien no ha cooperado”.

Esta estrategia sostiene la cooperación como un equilibrio:
  • Si A y B siguen la estrategia, cada uno recibirá 5 cada periodo de tiempo.
  • Si uno la sigue y otro intenta aprovecharse no cooperando, el que no coopera ganará 6 hoy, pero a partir de mañana ganará 1 en cada periodo.
Si los individuos no son muy impacientes, preferirán 5 todos los periodos antes que 6 hoy y luego 1 en cada periodo posterior.

Perdón

En la estrategia anterior, el castigo es muy fuerte. Es posible diseñar otra que permita volver a la cooperación tras un castigo no tan fuerte: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si el día anterior hemos cooperado y no cooperaremos durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. De nuevo, si ambos siguen la estrategia, ganarán 5 en cada periodo. Si alguien se desvía pasará a ganar 6, luego 1 durante tres periodos y luego otra vez 5 cada periodo. Si los individuos no son muy impacientes preferirán 5 durante cuatro periodos antes que 6 y luego 1 durante tres periodos.

Daño

Las estrategias anteriores tienen el problema que castiga tanto al que coopera como al que no. También esto se puede corregir, pero requiere una estrategia más complicada: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y entraremos en una fase de “castigo al no cooperador” durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. El “castigo al no cooperador” significa que el cooperador juega “No cooperar” y el no cooperador juega “Cooperar”. La fase de castigo debe repetirse si el que no cooperó también se desvía del castigo.

Estigma

En una comunidad, no siempre se encuentran los mismos individuos en una interacción tipo dilema del prisionero. Es posible que hoy se encuentren A y B, mañana B y C, pasado mañana A y C, luego C y D y así sucesivamente. En estos casos las estrategias anteriores no funcionan, pero otras adaptadas a la situación sí funcionarán si en la comunidad se observa el comportamiento de los demás: cada vez que dos juega, se observa qué hacen, a quien coopera siempre que no sea una situación de castigo se le etiqueta como “cooperador” y al que no lo hace, como “no cooperador”. Ahora la estrategia de cada individuo en la comunidad puede ser: “cooperar frente a un cooperador y no cooperar (situación de castigo) frente a un no cooperador”. Esta estrategia será de nuevo, equilibrio y fomenta la cooperación.

El camino abierto a la mayor capacidad cognitiva

Podemos seguir complicando la situación y así todo encontrar estrategias que permitan la cooperación, que serán también más complicadas. Reducir el periodo de castigo, no castigar sino al que no coopera, volver a la cooperación una vez el castigo ha sido suficiente, tomar nota de quién es cooperador y quién no, tomar nota de quién ha sido perdonado, tomar nota de quién ha participado en los castigos y quién no,… Todo esto requiere de habilidades cognitivas cada vez más complicadas, y esto nos puede decir algo acerca de la evolución.

En la medida que haya ganancias posibles de la cooperación y de diseñar bien la estrategia para recuperar la cooperación o para castigar lo menos posible, ocurrirá que los seres vivos que desarrollen un aparato cognitivo complejo que les permita desarrollar esas estrategias tendrán un beneficio extra respecto a otros seres vivos sin esas capacidades.

Frente a la visión de la evolución como un proceso impredecible, este simple hecho permite anticipar por lo menos una progresión: cada vez aparecerán más especies con estrategias que permitan captar mejor las ganancias por cooperar y por tanto con sistemas cognitivos y sociales más complejos. No quiere decir que todas las especies evolucionen de esa manera ni que se llegue necesariamente al desarrollo de la inteligencia humana o algo parecido, sino que algunas especies acabarán llenando el nicho de la adaptación mediante la cooperación y que eso requerirá de cada vez mayor complejidad.

Esto no tiene nada que ver con dotar a la evolución de una teleología ni, a fortiori, con interpretar como éxito, cumbre o destino lo que se acerca a ese objetivo definido por esa teleología. Simplemente en un proceso evolutivo hay tendencia a que algunos seres vivos (no necesariamente todos) ocupen nichos para los que se requiere cierta complejidad estratégica. Esta puede ser una guerra armamentista, el desarrollo de nuevos órganos o, como he señalado en esta entrada, la capacidad cognitiva.

18 de enero de 2018

Ultraje a los clásicos griegos

 Por Alejandro Miñano

Tras 24 horas de espectáculo en que 27 artistas bailaron, sufrieron y durmieron, cuestionando casi todas las reglas narrativas del arte del teatro, la expectación en Madrid era máxima. La obra «Mount Olympus. To Glorify the Cult of Tragedy», en la que el director Jan Fabre intenta reconstruir la cara más oscura de la tragedia griega en una abrumadora puesta en escena, desató la polémica por las continuas escenas sangrientas, bacanales de sexo explícito y violencia implícita a través de los eternos monólogos en los que sus protagonistas hablan, por ejemplo, de sacar los ojos y asesinar a sus hijos, todo ello entremezclado con coreografías obscenas. Para ampliar la información: abc

Así empezó mi semana. El corazón se me hizo un nudo, sin más. Sentí vergüenza profunda. Nuestra cuna, nuestra civilización, nuestra cultura occidental fue ultrajada, violada, denigrada, mancillada y desacreditada. ¿Por qué? Porque hay que vender y lo que se demanda  hoy día es basura, mentira, inmundicia, excremento e impureza. Pero, ¿por qué la sociedad consume esa basura? Porque la actual sociedad está invertida y las personas están carentes de valores, de ética, de pureza, de conocimiento, de sabiduría…Nuestra brújula,  en lugar de orientarnos hacia adentro, está educada hacia lo superficial y lo material, rigiéndonos por sentimientos frívolos, de desenfreno, de lujuria,  donde el caos devora, sin tapujos, la verdad. ¿Por qué se elige a los griegos y no a otra cultura?

Sófocles
Los clásicos nos humanizan: desde Homero a Cervantes. Ellos fueron los que nos libraron de la miseria y de la barbarie. Los clásicos se encargan de los grandes temas de la humanidad: la vida, la muerte, la corrupción, la ambición, el amor, el destino, el miedo. Han dado respuestas a nuestros interrogantes, siendo nuestro refugio, nuestra insignia, el referente humanístico del hombre. Otra característica de los clásicos es que son eternos. Sin embargo,  los mejores Best Sellers, con relatos y reseñas históricas clásicas, tienen fecha de caducidad. También nosotros tenemos  fecha de caducidad y nadie hablará de nosotros después de muerto. Homero, Sófocles, Eurípides, entre otros ilustres literatos, siempre estarán con nosotros, porque esa luz eterna nadie la va a cubrir de mierda, ni mucho menos 24 horas de espectáculo bochornoso, vergonzoso, totalmente opuesto al mundo clásico. Homero no se hizo rico, Cervantes tampoco. Ellos cambiaron el éxito fugaz de la basura superficial del mundo por la eternidad, por la verdad, por la belleza, por ser los hilos conductores de la sabiduría.
Se elige a los griegos porque vivimos en una sociedad ignorante que no se ha leído a Homero, a Sófocles, a Eurípides, a los grandes clásicos de la literatura griega y es mucho más fácil de controlar al rebaño de zombis para conducirlos al establo de nuestra demacrada y sucia sociedad. Desgraciadamente, los familiares de las grandes obras trágicas no están para denunciar estas basuras de obras que se crean. ¿Quién defiende nuestra cuna? Afortunadamente nuestra cuna cultural clásica se defiende sola porque es eterna, es inmortal, es imperecedera, es indestructible. Los únicos mortales, míseros, perecederos, infelices, desdichados somos nosotros.  Nuestra barbarie tendrá algún día fin. Es lo que me alivia.
La  cultura de nuestra sociedad está tan contaminada como el poder. Al poder no le gusta que sus ciudadanos sean libres, cultos, autónomos y críticos. El poder se ha casado con la cultura,  siendo la política globalizadora  su estafadora mecenas, y el resultado final es que la cultura de hoy día está podrida, al igual que los ciudadanos que beben como burros de la fuente de la ignorancia. Así es el actual sistema. La cultura de hoy busca a consumidores pasivos, personas sin cerebro y con un alma vacía de sensibilidad y piedad. El poder quiere rehacer la cultura clásica. Es como si pretendieran derruir una escultura de Miguel Ángel y usar los cascajos  para levantar otra. El poder le da igual que se pierda obras únicas e irrepetibles, quieren moldear las suyas propias y hacernos ver que son las verdaderas. Así está montado el circo de nuestra sociedad. Nuestros valores  están siendo extirpados desde la raíz. ¡Por eso se ataca al mundo griego!
El fruto de la cultura griega es rico, bello, limpio, hermoso, variado…pero preferimos consumir literatura basura, programas de televisión sensacionalistas, revistas de folletines y seguir bajo el dominio del poder actual. Perdonadme, pero yo no nací para  seguir a las masas. Mi camino va por otro cauce diferente a la inmensa mayoría.

No hay espectáculo más terrible que la ignorancia en acción. (Johann W. Goethe)

Otros artículos relacionados con la sociedad-basura actual en los que doy mi opinión son:

14 de enero de 2018

Índices de democracia

En una sesión del Seminario Interdisciplinar que llevamos entre tres profesores (de Filosofía, CC Políticas y Economía) se pidió a los alumnos que opinaran sobre dos índices de democracia, el de la revista The Economist y el de Freedom House. A los alumnos se les había puesto como tarea documentarse sobre ellos y preparar comentarios a las preguntas que se les planteó. Básicamente se les pedía que opinaran sobre lo que mide y cómo lo hace cada uno de los dos índices, que se resume a continuación.

Freedom House:

El índice se confecciona entre 100 analistas externos y externos y casi 30 asesores de la academia, think tanks y comunidades de defensa de los derechos humanos. La puntuación se discute y defiende con documentación sobre la situación en cada país.

Derechos políticos: Proceso electoral, pluralismo político y participación, funcionamiento del gobierno.

Libertades civiles: Libertad de expresión y de conciencia, derechos de asociación, imperio de la ley y autonomía personal y derechos individuales.


The Economist:

Se presentan respuestas a 60 preguntas realizadas por expertos y por encuestas en los países. Las preguntas se dividen en cinco categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. Entre las preguntas hay cuatro preguntas especialmente importantes:

Si las elecciones nacionales son (realmente) libres y justas.
La seguridad (personal) de los votantes.
La influencia de potencias extranjeras en el gobierno.
La capacidad (potencial) de un funcionario civil de implementar políticas.



Siguió un interesante debate, en el que se señalaba, por ejemplo, que el tipo de cuestiones que medía el índice de The Economist indicaba un sesgo ideológico más de derechas que el de Freedom House. A nadie pareció llamarle la atención que, en la práctica ambos índices clasificaran a los países entre más o menos democráticos casi de la misma manera, como se ve en los dos mapas de las figuras. Me he tomado la molestia de mirar los ránkings completos y calcular el índice de correlación entre ellos, que es de 0,95, un valor elevado que indica cómo ambos índices están midiendo más o menos lo mismo.

Otra manera de verlo es que, a falta de examinar la causalidad, la alta correlación sugiere que si uno prefiere las cosas que mide uno de los índices, automáticamente también estará prefiriendo en la práctica las que mide el otro, y viceversa. Y es que a menudo la empiria permite aligerar las discusiones apriorísticas que tanto nos gustan a los seres humanos.

7 de enero de 2018

Temas modernos para la Jura de Santa Gadea


Según la leyenda, el Cid obligó al rey Alfonso VI a jurar que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano, el rey Sancho II. El juramento que le hizo tomar se conoce como la Jura de Santa Gadea y reza así:
- Villanos te maten, rey,
villanos que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo,
que no sean castellanos;
mátente con aguijadas,
no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
con camisones de estopa,
no de Holanda ni labrados;
montados vengan en burras,
que no en mulas ni caballos;
traigan las riendas de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
que no en villas ni en poblado,
y sáquente el corazón
por el siniestro costado
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.
Esta jura me recuerda a ciertas peticiones de inocencia por parte de quien en el fondo está acusando y, sin pruebas, aprovecha la ocasión para reclamar su propia jura de Santa Gadea.

La cosa puede empezar así: en una parte del proceso para aclarar un delito un testimonio incluye alguna frase ambigua que puede entenderse de manera maliciosa y, aunque en el resto del proceso haya quedado aclarada, podrá servir para que el acusador suelte sus propias aguijadas por las aradas, amparándose en el condicional: de ser cierto que se rompió la cadena de custodia de la mochila de Vallecas estamos ante la aceptación de pruebas falsas y de un encubrimiento de los verdaderos culpables que implica a las fuerzas de seguridad y a los gobiernos anterior y posterior a las elecciones. Todos serán unos canallas y merecerán que les saquen el corazón por el siniestro costado a no ser que me aclaren todo esto a mí, que les impongo estas juras.

O puede empezar con una entrevista en una radio escandalosa donde quien sea hace correr un rumor. Una cadena de televisión recoge la noticia sin dar el rumor por cierto, pero otorgándole más importancia de la que se merece. Acaba con el presidente de un país poderoso queriendo imponer sus propias juras al presidente anterior porque en caso de que fuera verdad que le hubiera pinchado el teléfono se merecería los cuchillos cachicuernos y quién sabe qué más.

Y así andan los malos políticos y periodistas, delatándose cada día y entre otras muchas cosas, también por esta falacia ad Sanctam Gadeam.

31 de diciembre de 2017

La justicia por su mano

Un asesino te mata a un ser querido, ¿no querrías para él la pena capital? Así preguntan algunos que defienden la pena de muerte y, en general, quienes quieren penas duras contra los delincuentes. A veces, en debates con candidatos a favor y en contra de la pena de muerte, o en entrevistas a políticos que están en contra de ella, sale también esta pregunta a colación. Esto lo he visto muchas veces en EE.UU. y es una escena que sale irremediablemente en toda película que trate el tema. Siempre me ha parecido que las respuestas son totalmente inadecuadas. Un balbuceo, una salida por la tangente, una apelación a la no venganza y cosas así. Y eso que la respuesta adecuada es bien simple. Aquí va.

Todo el Estado de Derecho se basa en ofrecer unas garantías de justicia, tanto a la hora de dotar a la ciudadanía de un nivel de seguridad, como de evitar castigos al margen de la ley. Una de las primeras cosas que se intentan eliminar en un estado mínimamente civilizado son los linchamientos, las vendettas, el tomarse la justicia por la mano y el legislar en caliente. Todo el Estado de Derecho funciona para que mi decisión sobre qué hacer con un criminal que ha delinquido contra mí o mi familia sea bastante irrelevante. En caliente puedo contestar que mataría al asesino del comienzo de este texto. Eso no dice nada acerca de lo que considero que debe ser un código penal cuando no me veo en esa tesitura. Y es en frío cuando decidimos qué hacer con los criminales atendiendo a todos los criterios que queramos: disuasión, proporcionalidad, restitución, reinserción, etc.

Si yo fuera uno de esos políticos y me hicieran la pregunta, diría cualquier barbaridad, que sí que lo querría ver muerto y alguna cosa más que me saliera en ese momento. A continuación defendería que mis conciudadanos harían bien en no hacerme caso en lo que pensara en ese momento.

Cada vez que he contado esto, he tenido reacciones positivas. Rara vez alguien insiste en deducir de mi estado de ánimo como agraviado, cuál debe ser mi postura a la hora de redactar las leyes o a la hora de aplicarla también a quien ha cedido a la sed de venganza.

Y ahora, mis lectores, que espero concordéis conmigo en eso de no tomarse la justicia por la mano y que sepáis responder a la pregunta que ha circulado las últimas semanas por todo el mundo: "¿Está bien darle un puñetazo a un nazi?".

24 de diciembre de 2017

¿Existe un feminismo extremista?


Según el diccionario de la RAE, feminismo se define así:
Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.
Esta definición dio pie al Gran Wyoming a defender que no existen feminismo malo y feminismo bueno. Todo feminismo es bueno porque lo que defiende es bueno. Comparto que lo que defiende el feminismo según la definición de la RAE es bueno (aquí) y que hay mucho por hacer en ese terreno. No comparto que no haya feminismo malo. Lo que quiere decir que sostengo que la RAE ha dado una definición incompleta o que una buena idea se puede defender de malas maneras. Todas las ideologías sociales tienen sus extremistas y fanáticos. La derecha tiene a los fascistas, la izquierda a los comunistas, los liberales a los anarcocapitalistas, los madridistas a los ultras sur, los nacionalistas vascos a los etarras, los cristianos a los que atacan clínicas que practican abortos, los ecologistas a los antitransgénicos, los defensores de los animales a los antiespecistas, los ateos a los que quieren prohibir las religiones, y así sucesivamente (aquí he hablado de ello). Los extremistas y fanáticos pueden ser violentos o no, pero tienen en común el poner una idea por encima de todo sin reparar en conflictos con otras ideas que también merecen respeto (aquí hablé sobre esto). Sería increíble que no hubiera un feminismo extremista y que todo fuera bueno.

Veamos algunos ejemplos.
  • Hay quien opina que solo por sugerir que exista el feminismo extremista se es ultraconservador (aquí).
  • Hay quien opina que por usar las compresas como ejemplo de producto que contiene transgénicos se es machista (aquí).
  • Hay quien ve en todo lo que pasa un ejemplo de construcción social hecha por el patriarcado neoliberal heterocissexual (aquí).
  • Hay feministas vistas como extremistas por las propias feministas (aquí).
Algunas citas de feminismo extremista (las autoras se dicen radicales):
“Siento que odiar a los hombres es un acto político viable y honorable, que los oprimidos tienen derecho a un odio de clase en contra de la clase que les está oprimiendo.” Robin Morgan, editora de Ms. Magazine (aquí).
“Llamar animal a un hombre es adularlo; es una máquina, un dildo que anda.” Valerie Solanas, autora del SCUM Manifesto que intentó asesinar a Andy Warhol (aquí).
“La violación es un proceso consciente de intimidación por el cual todos los hombres mantienen a todas las mujeres en un estado de miedo”. Susan Brownmiller, autora de Against our will: men, women and rape (aquí).
Finalmente, habrá quien use la existencia del feminismo extremista para desacreditar todo el feminismo, truco argumental que debe ser denunciado. Eso no puede ser argumento para sospechar sin más de cualquier intento de criticar el feminismo extremista. Como he sostenido en otras ocasiones en relación a otras ideologías (por ejemplo, aquí y aquí), cada ideología que se precie debe ser la primera en denunciar sus extremistas y sus abusos. También el feminismo.