17 de diciembre de 2017

¿Cuál de estas frases no es cita de un artículo en estudios sociales? La solución

Hace unos días reproduje, traducidas, doce citas textuales de sendas publicaciones en estudios sociales. Entre ellas colé una de mi cosecha, totalmente inventada. A continuación pongo las citas originales en inglés junto con el enlace a la publicación, para que se puedan comprobar. Todas ellas llegan vía New Real Peer Review @RealPeerReview, una cuenta de tuiter dedicada a dar a conocer estos y otros disparates que aparecen con demasiada frecuencia en estudios sociales y de género:


1. 13 dancers exemplify how seeing can be deliberately used to expand the sense of their body-space and thereby to affect the spatiality of the fields of their embodied interaction.

http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1357034X16677738

2. The jokes made about social workers reflect a profession under attack, and the humour and jokes made by social workers reveal the desire to convey their humanity and to create relationships.

http://roar.uel.ac.uk/4591/

3. The paper contributes to literature on the sonic and mobile makings of landscape, in particular that which has called for a critical phenomenological approach concerned with the social, cultural and political dimensions of embodied engagements with landscape practice.

http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305748816000219

4. Crosswalks in crowded intersections present a field of study in which the appropriation of space is expressed and reproduced. We show how the dynamics and embodiment of gendered individuals engaged in the act of crossing reflect the patriarchal structures of the society as a whole.

5. It also points to conflicts of acoustical agency as constituting a major source of tension between prisoners. Understanding the ways in which acoustical agency is exercised in the prison setting is shown to be integral to comprehending the experience of imprisonment and the complexity of social interaction inside prisons.

http://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/20551940.2016.1214455

6. Drawing on animal studies approaches, it argues that the programme (The Supervet) foregrounds the humans rather than the animals, and, in its focus on surgery, legitimizes humans’ dominance of other species.

http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1749602016642935

7. Drawing on ethnographic fieldwork at a mall in Buenos Aires, this paper attends to this link and outlines a methodology that generates insight into the layers of intimacy that help shape these social and political spaces.

http://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/14649365.2015.1026928

8. Respondents narrate their identities to the gaze drawing on a kinship narrative that is heteronormative, in that their origins are imagined in hegemonic discourse through heteronormative ideas of “man” and “woman.”

http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1468796815621938

9. I begin by navigating the natural landscape, illustrating how Shawneetown’s flood-ravaged landscape implicates (my) queer identity—as both a lens for reading queer sexuality and as a metaphor for queer loss.

http://irqr.ucpress.edu/content/9/1/107

10. Green criminology has drawn attention to the widespread forms of green victimization. However, green criminology has neglected female victims of green crimes, and area to which feminist criminologists can contribute.

http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1557085116673172

11. It is argued that queer theory can enable accounting scholars to disrupt heteronormativity, destabilise essentialist notions sexuality as fixed properties of individuals and thus advance the study of sexuality within accounting beyond topics such as sexual harassment.

http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S104523541500060X

12. Starting from a position of reflection, where my performing body is seen as an archive of personal histories, memories, movements, techniques, as well as social and cultural phenomena, I mobilise the term ‘mesearch’ to disseminate the process of my creative inquiry.

http://etheses.whiterose.ac.uk/14361/

13. Despite the articulated freedom to practise pubic hair removal, any freedom from participating in this practice appeared limited, rendering the suggestion that it is just a “choice” problematic.

http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0959353516680233

El lector astuto observará que la 4 carece de enlace. Esto es porque es la inventada por mí. Repasando los comentarios, debemos dar la enhorabuena a Eva, un anónimo, admin, Luis y Karl Mill por acertar. Los otros 20 que se atrevieron a adivinar, sigan jugando.

10 de diciembre de 2017

¿Cuál de estas frases no es cita de un artículo en estudios sociales?


Hace poco hablé de un trabajo titulado Glaciares, género y ciencia en el que se puede apreciar la locura de un tipo de estudios sociales y de género. A continuación se reproducen (traducidas del inglés), doce citas textuales de publicaciones de ese estilo que no son ni mejores ni peores que la anterior. Si alguna de las citas está fuera de contexto es porque el contexto es todavía peor. Entre ellas he colocado una inventada por mí. Premio para quien adivine cuál es. (Tened en cuenta que la frase puede sonar rara por ser una traducción y no por ser falsa).

1. Trece bailarinas ejemplifican cómo el ver puede ser usado deliberadamente para expandir el sentido de su espacio-cuerpo y así afectar la espacialidad de los campos de su interacción personificada.

2. Los chistes hechos sobre trabajadores sociales reflejan una profesión atacada, y el humor y los chistes hechos por los trabajadores sociales revelan el deseo de transmitir su humanidad y crear relaciones.

3. Este trabajo contribuye a la literatura de la elaboración sónica y móvil del paisaje, en particular la que reclama una aproximación fenomenológica y crítica interesada en las dimensiones políticas, culturales y sociales de los compromisos personificados en las prácticas de paisajes.

4. Los pasos de peatones en las intersecciones concurridas presentan un campo de estudio en el que la apropiación del espacio se representa y reproduce. En este trabajo mostramos cómo las dinámicas y las personificaciones de los individuos con identidad de género en la actividad de cruzar reflejan las estructuras patriarcales de la sociedad como un todo.

5. En el trabajo también apuntamos a conflictos de agencia acústica en la medida que constituyen una fuente importante de tensión entre los prisioneros. Mostramos cómo entender las maneras en que la agencia acústica se usa en el ámbito de la prisión es una parte integral para comprender la experiencia de la reclusión y la complejidad de la interacción social dentro de la prisión.

6. Partiendo de los planteamientos de estudios sobre animales, este trabajo sostiene que el programa televisivo “Super Veterinario” pone en primer plano a los humanos en lugar de los animales, y, al centrarse en las operaciones quirúrgicas, legitima la dominación de los humanos sobre las otras especies.

7. Partiendo del trabajo de campo etnográfico en un centro comercial de Buenos Aires, este artículo provee una metodología que genera nuevas percepciones de las capas de intimidad que ayudan a dar forma a estos espacios sociales y políticos.

8. Los entrevistados narran sus identidades a partir de una narrativa de parentesco que es heteronormativa, y en la que sus orígenes son imaginados en un discurso hegemónico a través de las ideas heteronormativas de “hombre” y “mujer”.

9. Comienzo por guiarme en el paisaje natural, ilustrando cómo el paisaje asolado por las inundaciones de X implica mi identidad de género de dos maneras, como una lente con la que leer la sexualidad de género y como una metáfora de la pérdida de género.

10. La criminología ecológica ha prestado atención a las diversas y extensas formas de victimización ecológica. Sin embargo, la criminología ecológica ha descuidado a las víctimas femeninas de los crímenes ecológicos, un área en la que las criminólogas ecológicas pueden contribuir.

11. En este trabajo proponemos que la teoría queer puede facilitar a los académicos en el área de la contabilidad a alterar la heteronormatividad y desestabilizar nociones esencialistas sobre la sexualidad como propiedades fijas de los individuos y así avanzar en el estudio de la sexualidad dentro de la contabilidad más allá de temas como el acoso sexual.

12. Comenzando por una postura reflexiva, donde mi cuerpo activo se ve como un archivo de historias personales, memorias, movimientos, técnicas, y también fenómenos culturales y sociales, propongo activar el término “minvestigación” para diseminar el proceso de mi investigación creativa.

13. A pesar de la libertad expresa de practicar la eliminación del vello púbico, cualquier libertad ejercida para alejarse de esta práctica se ve limitada, por lo que se puede interpretar que es una elección problemática.

3 de diciembre de 2017

La ideología de la gratuidad vs la ideología de la igualdad. El caso de las tasas universitarias


A cuenta de una discusión sobre las tasas universitarias me enlazan un artículo del que paso a comentar una parte.

Dice:
"En los últimos años se ha elaborado y difundido un discurso favorable al aumento del precio de la matrícula universitaria sustentado en dos pilares. Uno, que no es justo que paguen lo mismo ricos y pobres y que los ricos paguen tan poco. Dos, que, puesto que el estudiante saca un provecho privado de sus estudios universitarios, es lógico que contribuya a sufragarlos. Finalmente, se concluye, el aumento de precios ha de ir acompañado por un aumento de las becas, con el fin de que nadie quede excluido por razones económicas del acceso a la universidad. Lateralmente, se añade, lo que frena el acceso a la universidad no son los precios de matrícula, sino los costes de oportunidad de substituir trabajo por estudio durante el tiempo que dura la carrera universitaria; es decir, los precios de matrícula tampoco son tan importantes."
Obsérvese cómo tras describir la propuesta continúa: “Lateralmente, se añade,…”. ¿Por qué dice eso? ¿Quién dice que lo que frena el acceso a la universidad no sean los precios sino el coste de oportunidad? ¡Son ambas cosas! Y si alguien opina que es más lo segundo que lo primero, ¿en qué afecta a la propuesta, si sigue siendo la misma?

Sigue:
"Aun sin dudar de la buena fe de algunos los promotores del incremento simultáneo de precios y becas, está claro que su discurso, en una fase de asalto al llamado estado del bienestar, solo podía culminar como está culminando: con un aumento de precios y una reducción de las becas."
Siendo que en España estamos lejísimos de haber llevado a cabo la propuesta que se exponía en el primer párrafo cuesta pensar que el aumento de precios y la reducción de becas se deba a ella. Con mucha más razón se puede decir que se debe al sistema actual que subvenciona a todo el mundo y que defiende el articulista.

Acaba (la parte que comento):
"De los dos pilares mencionados, el primero tiene la virtud de que puede parecer un argumento de izquierdas. ¡Que paguen los ricos! La ilusión se desvanece al advertir que lo que se propone es que ricos y pobres paguen íntegramente el supuesto coste del servicio (cosa que para los ricos no supone una gran proporción de su renta) y que a los pobres ya se les compensará con unas becas, inciertas y finalmente casi inexistentes. ¿Es justo que los ricos paguen el mismo precio que los pobres por el pan, el arroz y las patatas? Sí, y es mucho más práctico que un sistema de precios que dependa de la renta del consumidor, de casi imposible implantación, siempre y cuando funcione un sistema de impuestos directos justo y eficiente. Lamentablemente, por añadidura, no goza de tales cualidades el sistema fiscal español, en el que, entre fraudes y deducciones, acaban pagando más los asalariados que los empresarios y los rentistas de alto nivel."
¿Por qué dice que la propuesta es “que a los pobres ya se les compensará con unas becas, inciertas y finalmente casi inexistentes”? ¿No se le ocurre al autor que la propuesta puede incluir que el descuento en la matrícula sea inmediato y que un pacto por la educación puede blindar las becas salarios? El descuento en matrícula sería tan creíble como la tasa actual, igual que las becas salarios. La única diferencia es que con la propuesta habría más recursos para esas becas.

Pero el mayor disparate se comete cuando se dice:
"¿Es justo que los ricos paguen el mismo precio que los pobres por el pan, el arroz y las patatas? Sí."
El autor está equiparando la justicia de que todo el mundo, ricos y pobres, paguen lo mismo por un bien que se vende a precio de mercado con la justicia de pagar por un bien subvencionado. Es decir, como es justo que los ricos paguen igual por algo que no se subvenciona, entonces es también justo que les subvencionemos igual que a los pobres. Por supuesto, quien no piense como él será un neoliberal. ¡El mundo al revés!

El autor se justifica:
“es mucho más práctico que un sistema de precios que dependa de la renta del consumidor, de casi imposible implantación, siempre y cuando funcione un sistema de impuestos directos justo y eficiente.”

Primero: en el caso de los bienes que se ofrecen en el mercado, efectivamente será así; pero no en el caso de las matrículas universitarias. No estamos hablando de un bien o servicio en el que haya multitud de proveedores, sino de un servicio que provee la cosa pública y que ya tiene medios para cobrar distinto según circunstancias personales. Al autor le parece que no merece la pena hacer el esfuerzo. Él sabrá por qué.

Segundo: dice que a los ricos se les cobre no en la matrícula, sino en los impuestos. Si no se vincula la decisión de ir a la universidad con el coste y el beneficio de ir el resultado seguirá siendo todavía más favorable a los ricos. La propuesta de la reducción de matrículas y becas salarios aumenta la participación de los pobres sin fomentar la de los ricos (subvencionándolos).

El autor reconoce que lo de los impuestos no funciona y sin embargo, eso es lo que quiere:
“Lamentablemente, por añadidura, no goza de tales cualidades el sistema fiscal español, en el que, entre fraudes y deducciones, acaban pagando más los asalariados que los empresarios y los rentistas de alto nivel.”
Sí, ya sé que el autor dirá que pongamos más impuestos a los ricos, pero él mismo está reconociendo que eso tendrá el problema de que los ricos no acaben pagando esos impuestos. Esto no le importa. Le importa que la reducción de matrícula y el monto de las becas salario no se mantengan con el tiempo. Sin embargo, lo segundo es de más fácil implantación que lo primero, además de que tiene todas la ventajas comentadas.

26 de noviembre de 2017

Realidad, hechos institucionales y delirio

«La mayoría de los seres humanos se acercan al delirio, pero no se instalan en él» (Carlos Castilla del Pino: El delirio, un error necesario).


Por José María Agüera Lorente
Juguemos a eso de definir al modo grandilocuente, dejándonos llevar por esas ínfulas de oráculo de verdades absolutas que en ocasiones poseen el espíritu de algunos filósofos. Señalemos la esencia de uno de esos entes raros que en tantas ocasiones se ha tratado de definir de una vez por todas: el ser humano. Recordemos las definiciones de algunos de esos ilustres: Nietzsche nos vino a decir que el hombre es el animal que puede prometer, Unamuno –con su punto hispano existencialista– que es el ser que se angustia ante el problema de la inmortalidad, el fenomenólogo Max Scheler destacó su capacidad ascética de negarse a la satisfacción de sus instintos, Ortega y Gasset identificó su dimensión histórica como la definitoria ninguneando su naturaleza, el metafísico Zubiri lo declaró «animal de realidades»... Nada, nada; yo pienso a lo grande como ellos y digo que el ser humano –o el humán, como gustaba de decir el ya difunto Jesús Mosterín– es el animal delirante.
Acoto en aras de la mayor claridad el sentido de la expresión «animal delirante». Con ella quiero decir que está en la naturaleza humana la posibilidad cierta del delirio, un estado al que lo puede conducir la exacerbación de sus capacidades cognitivas. Toda mente humana hace de cada individuo un ente dual, con un pie en la realidad extramental y otro en ese mundo interior supuestamente inmediato, íntimo e intencional de su conciencia en cuyo escenario compiten por ocupar el centro de atención lo que es y lo que no es pero podría ser. Esta interna dialéctica es fuente de angustia pues es causa a partes iguales de frustración e incertidumbre ante las sentencias inapelables que son potestad exclusiva de la realidad (porque ésta –como sentenció en cierta ocasión un buen a migo mío– es mucha, mala y tozuda). Ante lo cual las personas se defienden como gato panza arriba echando mano de todo un repertorio de recursos de lo más variopinto, en el cual cabe hallar –por señalar algunos– las drogas de diversa índole, el arte, la ficción en sus diversos formatos (la religión incluida) y la lotería o el ilusionismo (que para el caso es lo mismo).
Al ser humano no le basta la realidad, aunque no acaba de saber en qué consiste por mucho que crea saberlo y por muy convencido que esté de ello. Continuamente se lo pregunta sin ser consciente de hacerlo; y salvo aquellos que se paran a pensarla me atrevería a asegurar que la mayoría de nuestros congéneres viven guiados por una especie de piloto automático en cuyo programa no cabe ningún algoritmo metafísico.
Retomando el hilo de nuestra condición de animales delirantes, hay que reconocer en ella no sólo el origen de nuestras angustias, sino también un feraz manantial de creatividad que fluye por un amplio y variado espectro desde la ficción a la utopía. En él ubico nuestro poder para construir una realidad social, tan merecedora de reconocimiento ontológico como la natural. Este reconocimiento ya lo plasmó Karl  R. Popper en el siglo pasado con su conocida teoría de los tres mundos. Tal como la plasma el filósofo de origen austríaco en el libro El yo y su cerebro, escrito al alimón con el neurólogo John C. Eccles, la susodicha teoría queda enunciada escuetamente tal que así: «Primero, está el mundo físico –el universo de las entidades físicas– (...), es a lo que denominaré "Mundo 1". En segundo lugar, está el mundo de los estados mentales, incluyendo entre ellos los estados de conciencia, las disposiciones psicológicas y los estados inconscientes; es lo que denominaré "Mundo 2". Pero hay también un tercer mundo, el mundo de los contenidos del pensamiento y, ciertamente, de los productos de la mente humana; a esto lo denominaré "Mundo 3"». Los tres mundos, aunque de naturaleza diversa, son objetivos y están constituidos por entidades que tienen poder causal dentro de cada uno de sus mundos y entre mundos, ya que un hecho físico puede provocar un efecto psíquico, así como una norma –un producto de la mente humana, elemento del «mundo 3»– dará lugar a consecuencias observables empíricamente así como a estados mentales.
El «mundo 3» es el de la civilización, el que hace del ser humano el «animal simbólico» –como dejó dicho Ernst Cassirer–, el de la realidad social construida mediante las instituciones. Es el que en gran medida sirve de coartada al supremacismo antropocéntrico. Probablemente es el mundo más real para nosotros dado que es el que constituye el principal objeto de nuestros desvelos: la familia, el trabajo, la economía, la política, el juego social por el estatus... Pero esa realidad (social) se construye mediante un proceso de proyección que tiene su origen, claro está, en las mentes de los sujetos y se torna objetivo mediante las instituciones. Esto no quita que haya un sustrato natural en todo ello, pero la sofisticación cultural del mismo trasciende los límites de los hechos físicos propios del mundo 1 popperiano. La idea de que las instituciones son «prótesis inferenciales» es una propuesta del profesor Jesús Zamora Bonilla contenida en su reciente y oportuno libro titulado Sacando consecuencias. Una filosofía para el siglo XXI que contribuye a entender esa relación entre los diversos mundos. Porque esas entidades de naturaleza abstracta –aunque de hecho puedan tener su concreción material en muchos casos– son sistemas de normas que indican a cada uno lo que debe o no debe hacer en cada situación, siendo asimismo relevante o incluso determinante para saber el individuo la situación a la que se enfrenta. Las inferencias (del mundo 2 popperiano) se sustentan en las instituciones (del mundo 3) y se traducen en acciones que tienen sus consecuencias físicas (en el mundo 1).
Creo que el filósofo que mejor explica el proceso de construcción de la realidad social –y por ende institucional– es John R. Searle, el cual ha dedicado una parte significativa de su producción intelectual a reflexionar sobre lo que él mismo identifica como la estructura de la civilización humana (en este anterior texto ya lo señalé). Por nombrar algunos de los libros publicados en castellano dedicados por el autor a este tema mencionemos en orden cronológico La construcción de la realidad social (1997), Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real (2001) y Creando el mundo social. La estructura de la civilización humana (2017). Del segundo de los títulos extraigo el planteamiento de la cuestión que nos interesa: «cómo puede existir una realidad social epistémicamente objetiva» (mundo 3) «que esté parcialmente constituida por un conjunto de actitudes ontológicamente subjetivas» (mundo 2). Un ejemplo de esa clase de realidad es cualquier institución que conforma lo que tenemos por civilización, como el dinero o el Estado, que cualquier sujeto conoce como objetivas (esto quiere decir «epistémicamente objetiva»), aunque tienen un modo subjetivo de existencia, pues como tales instituciones son productos de mentes. A Searle le fascina que instituciones como las dos nombradas puedan tener una eficacia causal en un mundo compuesto en su totalidad de elementos físicos y químicos; o dicho con toda la ingenuidad que él dice debe adoptar el filósofo a fin de alcanzar a formular las preguntas verdaderamente relevantes: «¿cuál es el equivalente de la ley f=m.a en lo que respecta a la realidad institucional?». Para responder a esta cuestión el filósofo norteamericano parte de la definición de hecho social «como cualquier hecho que implique dos o más agentes que tienen intencionalidad colectiva».  Ésta se expresa en la cooperación que manifiesta la conducta de cada uno de esos agentes, que comparten  la creencia de que todos tienen la misma intención, o esperan lo mismo, o creen lo mismo. La intencionalidad colectiva es el primer elemento que se requiere para construir la realidad institucional. El segundo es la asignación de función. Los agentes asignamos funciones a las cosas, y así introducimos la normatividad de acuerdo con un paradigma teleológico presupuesto (se da por hecho que todo ha de tener un propósito) del que no somos conscientes los sujetos (pero que es seguramente intrínseco a nuestra condición de tales). Por esto dice Searle que toda función es dependiente del observador (cualquier ente intencional, ya se identifique como sujeto o agente), mientras que la causación es independiente del mismo. Como vemos, la normatividad es clave para que la intencionalidad colectiva se materialice en hecho institucional, como –pongamos por caso– ser español o marido de Scarlet Johanson. Ahora bien, se trata de la normatividad propia de las normas constitutivas, las cuales regulan las actividades que ellas mismas constituyen otorgando entidad (epistémicamente) objetiva a las diversas situaciones (una misa, una sesión parlamentaria o una fiesta de carnaval). Searle tiene claro que los hechos institucionales sólo existen dentro de sistemas de normas de este tipo, así como que éstas siempre tienen la misma forma lógica; a saber: «X se considera como Y en (el contexto) C». Así, pues, forma parte primordial del proceso que da entidad al hecho institucional la asignación de un estatus a una cosa sobre la base de la intencionalidad colectiva; como que un lienzo de tela coloreado (X) se tenga por una bandera (Y) en el contexto de un desfile militar (C).
Recapitulando –y en palabras del propio filósofo norteamericano–: «la totalidad de la realidad institucional puede explicarse utilizando exactamente estas tres nociones de intencionalidad colectiva, asignación de función y normas constitutivas». Aunque hay que añadir tres ideas más que completan el modelo explicativo. La primera es que la antes enunciada forma lógica que asigna función de estatus puede iterarse; por ejemplo, un edificio (X) se considera como iglesia (Y) en un determinado contexto histórico-cultural C, y ese mismo edificio considerado iglesia (ahora X elevado a un nivel superior de iteración) se puede considerar catedral (ahora Y, al iterarse) en un nuevo contexto histórico cultural C. La segunda es que el funcionamiento de las instituciones en la vida real –es decir, que tengan efecto práctico y empírico– exige que no existan aisladamente sino en complejas interrelaciones recíprocas; nuestra vida cotidiana depende de ello en asuntos tan triviales como la compra o el empleo. La tercera es que no hay que considerar los hechos en bruto y los hechos institucionales –siguiendo la nomenclatura de Searle– como hechos independientes y aislados. Como dice él mismo: «el propósito y la función de la estructura institucional es, de forma típica, crear y controlar los hechos brutos. La realidad institucional trata de poderes positivos y negativos, que incluyen tanto derechos, autorizaciones, honor y autoridad como obligaciones, deberes, ignominia y sanciones».
Lo ocurrido en Cataluña hasta el momento encaja razonablemente bien con el modelo que aquí he expuesto. Instituciones como el gobierno, el estado-nación y el Derecho son tan epistémicamente objetivas como la gravedad en tanto que la asignación colectiva de funciones de estatus se acepte y reconozca a lo largo del tiempo. Esto es lo que ha evidenciado el procés hasta el momento. Si ahora se halla en el punto que se encuentra, poco alentador para los que abogan por una República de Cataluña, es porque esa intencionalidad colectiva que pretendía asignar una nueva función de estatus a la que por ahora se mantiene como comunidad autónoma ha tropezado con el hecho institucional epistémicamente objetivo del estado-nación España. A juzgar por lo sucedido diríase que dicho hecho es igualmente objetivo para los propios declarantes de la DUI, ya que el día de su proclamación ni siquiera ejecutaron el significativo acto simbólico de quitar la bandera española del edificio de la Generalitat, por lo que asumían implícitamente que la tal declaración era ontológicamente subjetiva (nótese, dicho sea de paso, lo determinante del lenguaje en estos fenómenos sociales, lo cual merece reflexión propia). Igualmente, por mucho que el señor Puigdemont quiera seguir asignándose el estatus de presidente de la Generalidad no deja de ser un delirio de su parte y de todos aquellos que lo tengan por tal, pues este no es el hecho (institucional) epistémicamente objetivo; con la forma lógica de antes: Carles Puigdemont (X) no tiene asignada la función de President (Y) en el contexto de la autonomía catalana (C), que se constituye normativamente de acuerdo –y sólo de acuerdo– con la Constitución del Estado llamado España (hecho institucional, a su vez, producido como todos según lo explicado). Sin embargo, sí que es un hecho (institucional) la pertenencia de Santi Vila como consejero de empresa al último gobierno autonómico catalán, por lo que es un síntoma de delirio que se elimine su imagen de las fotos supuestamente oficiales del Govern Legítim.

La capacidad de los seres humanos para crear realidad es vital desde el punto de vista de la supervivencia de la especie, pero también puede ser fatal en tanto en cuanto de ella brota igualmente el delirio. Como dejó escrito el magistral Pío Baroja en su lúcida novela El árbol de la ciencia el «pragmatismo nacional» –equivalente a la intencionalidad colectiva– debe dejar paso libre a la realidad, porque «si se cierra este paso, entonces la normalidad de un pueblo se altera, la atmósfera se enrarece, las ideas y los hechos toman perspectivas falsas». En esa interfaz entre los tres mundos popperianos que es la mente se dicta de continuo sentencia mediante el juicio de realidad, ejercicio las más de las veces inconsciente en nuestro cotidiano existir, pero del que no podemos prescindir para nuestro bienestar. Ejercicio que se sofistica racionalmente cuando se hace ciencia o se filosofa, pero que si se practica al margen de la normatividad lógica posiblemente corra el riesgo de enervarse impulsado por la espontaneidad e inercias psíquicas, ambas dos tan sensibles a factores irracionales. Entonces nos acercamos a las puertas del delirio, pudiendo alejarnos de ellas o acabar traspasándolas.

Los malos axiomas austriacos


Uno de mis libros favoritos es La Ética de Spinoza. Me gusta la ingenuidad del proyecto, la decisión con que se plantea, el estilo con que está escrito, la personalidad del escritor, la originalidad del método y el declarado respeto a la razón. Todo ello hacen de él un libro único y memorable. Es una lástima que esté todo mal, y que ninguna de las afirmaciones del libro se demuestren con el método geométrico que presume el autor. No quiere decir que todas las afirmaciones sean falsas o que las proposiciones normativas no sean razonables, sino que no están deducidas de la manera propuesta.

Spinoza quería deducir la Ética a partir de la Razón basándose en unos pocos axiomas y aplicando la deducción lógica. Ahora sabemos que al rigor de la lógica debe preceder el rigor de las definiciones y que estas solo pueden establecerse en un modelo formal. Esto no impide que podamos hacer también deducciones en un lenguaje no formal, pero será difícil llegar muy lejos, sobre todo en cuanto nos metamos en materias especializadas e intrincadas, donde tenemos que definir bien de qué estamos hablando. Spinoza creía que conceptos como “esencia” o ”naturaleza” estaban bien definidos y que con ellos podía definir “causa”, o que frases como “ser limitada por otra de su misma naturaleza” tienen un sentido evidente, y que con ellas puede tirar para adelante y demostrar la ética al modo geométrico. No lo consiguió, claro, lo que no implica que algunas de sus frases y conceptos no puedan ser apreciados. Lo serán, pero no por ser parte de una construcción formal, como pretendía. Eran otros tiempos, no se sabía de modelos formales más allá de la geometría y de otros pocos más y limitados a aspectos pequeños de otras ciencias.

En el siglo 20 ya sabíamos más de todo eso y, sin embargo, abundaban todavía pensadores que se permitían creer que con definiciones tan imprecisas como aquellas de Spinoza podían deducir proposiciones metafísicas, teológicas, morales, políticas o económicas. La justificación que siempre se da es que es posible mostrar ejemplos en los que se puede hacer (o parece que se puede hacer) este tipo de deducciones y tirar para adelante y pretender demostrar toda una doctrina. La ingenuidad de estos últimos no me inspira tanto candor como la de Spinoza. Ya debían saber que su empeño era imposible y que, de tener seguidores, los estarían condenando a defender lo indefendible. Es lo que me pasa con von Mises y su libro La Acción Humana. Von Mises cree poder deducir muchas cosas del hecho que consiste en que las personas procedemos de manera consciente y deliberada, sea esta fruto de una clara deliberación o de recuerdos olvidados y deseos reprimidos (son expresiones suyas, influenciado como estaba por las teorías freudianas).

Este es el argumento que hace Mises para mostrar que pensando apriorísticamente y sin empiria puede tener un conocimiento preciso y verdadero de la realidad:
El objeto específico de la praxeología, es decir, la acción humana, brota de la misma fuente donde nace el razonamiento. Actuación y raciocinio constituyen realidades cogenéricas y similares; cabría, incluso, considerarlas como dos manifestaciones distintas de una misma cosa. Por cuanto la acción es fruto del raciocinio, resulta que éste puede descubrir la íntima condición de aquélla. Los teoremas que e! recto razonamiento praxeológico llega a formular no sólo son absolutamente ciertos e irrefutables, al modo de los teoremas matemáticos, sino que también reflejan la íntima realidad de la acción, con el rigor de su apodíctica certeza e irrefutabilídad, tal como ésta, efectivamente, se produce en el mundo y en la historia. La praxeología proporciona conocimiento preciso y verdadero de la realidad.
No, Mises, del hecho de que la acción humana sea producto del raciocino no se deduce que el raciocinio pueda estudiar la acción humana de manera certera e irrefutable. Eso te pasa por razonar por analogía y huir de los modelos formales. Le pasarán cosas parecidas a lo largo del libro, como le pasan a sus defensores actuales. Veamos cómo razonan en el Mises Institute sobre el uso de las matemáticas frente al lenguaje normal:
Considérese, por ejemplo, las proposiciones (2) A un precio mayor corresponde una menor (o, por lo menos, no mayor) demanda. (2´) Si p denota el precio de un bien y q su demanda, entonces q = f(p) y dq/dp = f' (p) ≤ 0. Aquellos que encuentran la fórmula (2´) más precisa o “más matemática” que la frase (2) caen un uno completo error … la única diferencia entre (2) y (2´) es esta: como (2') se limita a funciones diferenciables y cuyas gráficas, por tanto, tienen tangentes … la frase (2) es más general, pero de ninguna manera es menos precisa: tiene la misma precisión que (2´).
Para empezar, en matemáticas se puede expresar que a un precio más alto corresponde una demanda menor sin restringirse a funciones diferenciables (por ejemplo, con correspondencias no necesariamente continuas) y tener la generalidad que quiere el redactor del párrafo anterior. El uso de conceptos más restringidos (que el redactor parece confundir con pretensiones de precisión) simplemente permite tener modelos más manejables, aunque simplificados. Para seguir, el hecho de que una relación se pueda expresar en lenguaje llano y seguirle la pista durante un pequeño razonamiento no implica que todo se pueda hacer así. Por continuar con el ejemplo del párrafo anterior, será muy difícil seguir la pista a un razonamiento que distinga la función de demanda marshalliana de la hicksiana e intente sacar conclusiones acerca de las consecuencias de ayudar a un consumidor según distintos mecanismos de ayuda.

Los austriacos han oído, por supuesto, este argumento. He aquí cómo lo desdeñan en el Mises Institute
A menudo se dice que la traducción de un concepto … del lenguaje ordinario al matemático lleva a una mayor precisión lógica del concepto y a mayores oportunidades de uso. Pero la falta de precisión matemática en el lenguaje ordinario refleja precisamente el comportamiento de los seres humanos en el mundo real…
Has leído bien, querido lector: está diciendo que quien quiera estudiar una realidad imprecisa debe usar un lenguaje también impreciso. Razonamientos, ninguno, otra vez hay discurso por analogía. Y todos estos errores de razonamiento son antes de empezar a hablar de economía.

En la historia del pensamiento económico ha habido varios intentos de encontrar la coherencia interna de teorías verbales y siempre se han encontrado problemas con la teoría. Sucede con El Capital de Marx, que se ha mostrado incoherente; con la Teoría General de Keynes, cuya modelización es controvertida, y con la Teoría Austríaca de los Ciclos Económicos, que se ha encontrado tan falta de contenido que la mejor aproximación formal conseguida necesita supuestos ad hoc completamente arbitrarios. Lo curioso es que, además de todo eso, la teoría de los ciclos económicos austriaca no se ha deducido ni remotamente a partir del axioma de la acción humana.


Esta enemistad con los modelos formales y el recurso a la dialéctica, la retórica, la apelación a intuiciones y, en el caso de los austriacos, a la praxeología, podrá justificarse de la manera que cada uno quiera (y, si se la cree, será esa su justificación), pero en la práctica lo que hace es dar rienda suelta a que cualquiera, apelando a la simpatía que generan los rebeldes, se haga llamar heterodoxo y reivindique un lugar en igualdad de condiciones a los que sí se molestan en detectar incoherencias internas en sus modelos, supuestos mejores, y evidencias empíricas. Todo ello con matemáticas, claro.

19 de noviembre de 2017

De números y malas filosofías en el ojo ajeno

Parte I. De números

Tenemos un problema con el infinito. No ya que no lo concibamos, sino que no lo podemos siquiera tocar, escribir o señalar. Con el infinito grande podemos hacernos algunos trucos. Por ejemplo, hacer que el intervalo abierto (0, 1), que no incluye el cero ni el uno, esté en correspondencia con los números reales positivos. Entonces, si dibujamos el intervalo y si ponemos la punta del lápiz sobre el 1 nos podemos hacer a la idea de estar tocando el infinito, pero requiere un poco de imaginación.


Para el infinito pequeño las cosas son más difíciles. A pesar de que siempre podemos elegir dos números que estén muy cerca el uno del otro, más cerca que cualquier cantidad ridículamente pequeña que se nos ocurra, siempre estarán separados por una distancia positiva. Por eso siempre encontramos algún número racional entre cualesquiera dos irracionales y algún irracional entre dos racionales, a pesar de que haya en total muchísimos más irracionales que racionales (de hecho, hay un grado de infinito más). Y es que los números parecen no existir o, por lo menos, no estar definidos, hasta que interactuamos con ellos, cual partículas elementales del mundo cuántico.
Hemos interactuado con millones de números, pero nos faltan infinitos con los que interactuar. Nuestro modelo de números es tal que la definición de cualquier número cabe en él, pero también tal que nunca los definirá a todos. Podemos definir el cuatro, la raíz cuadrada de dos, pi,…, pero nunca todos. El modelo es recursivo y por eso, tras definir el uno y definir lo que significa “siguiente de”, podemos llegar al cuatro como el siguiente del siguiente del siguiente del uno. Y así llegamos a todos los naturales y, definiendo la resta, a los enteros. Luego definimos los racionales, dividiendo enteros, operación esta que también podemos definir. Luego llegan los irracionales, que son todos los números que se pueden definir como límites de secuencias de racionales, secuencias que se definen de manera recursiva. Y ahí está la recursividad, que nos garantiza el poder definir cualquier número real, pero que nos deja la pesada carga de tener que hacerlo cada vez que queremos tocar uno nuevo.

Parte II. Las malas filosofías en el ojo ajeno

-Entonces, ¿existen o no esos números con los que no hemos interactuado todavía?
-Sí y no. Sí, si a tu definición de existir le basta la demostración de existencia de una secuencia aún sin encontrar la secuencia. No, si demandas su construcción.

-Entonces, ¿cuál es la verdadera noción de existencia cuando hablamos de números?
-La primera, si quieres que existan todos los números, aún los no interactuados. La segunda, si quieres que no.

-Entonces, ¿qué debo querer?
-Que existan, si quieres ventilar pragmáticamente un asunto que no tiene ninguna trascendencia para las matemáticas ni para sus aplicaciones. Que no existan, si quieres ponerte a filosofar a lo Sócrates, metiendo el dedo en el ojo solo por fastidiar.

-Entonces, ¿debo querer filosofar?
-Sí, si lo haces para poner en orden algún pensamiento relevante. No, si tu idea de la Filosofía es meter el dedo en el ojo solo por fastidiar.


-Entonces, ¿qué es lo relevante?
-Desde luego, no andar metiendo el dedo en el ojo ajeno. Antes inténtalo en el tuyo propio.

-¿No me dolerá?
-Seguramente, y además de ser irrelevante, también te dolerá que a nadie le importare un carajo.

-¿Importaba un carajo cuando metía el dedo en el ojo de los demás?
-Solo importaba la pérdida de tiempo de los demás.

-¿Entonces…?
-¡Shh! “Pérdida de tiempo” he dicho.

12 de noviembre de 2017

Algunas reflexiones sobre la divulgación científica


Uno de los problemas que se enfrenta la ciencia a la hora de divulgar es la adaptación de sus complejidades, con su lenguaje especializado y modelos formales, al lenguaje verbal. Y no solo porque eso sea difícil, sino porque una vez expresada una teoría científica en estos términos narrativos, entrará a competir, a los oídos de los que somos legos en la materia, con otras narraciones. Por ejemplo, la ciencia que hay tras las vacunas es extremadamente compleja: hay que detectar la causa de una enfermedad, encontrar que se trata de un microorganismo (virus o bacteria), conocer el mecanismo de invasión y propagación del microorganismo, investigar si existen anticuerpos contra él, si pueden ser generados por el propio cuerpo, buscar cómo inducir la creación de estos anticuerpos antes de que sea demasiado tarde, encontrar versiones inofensivas del microorganismo o de alguna de sus partes que provoquen la reacción adecuada en el cuerpo humano, encontrar alternativamente barreras químicas que impidan la invasión del microorganismo en las células, encontrar las dosis adecuadas de la vacuna, dar con una manera de administrarla que consiga la reacción adecuada del cuerpo, estudiar los posibles efectos secundarios, tener estudios de epidemiología para conocer su efectividad y mil cosas más.

Todo esto es imposible de resumir cuando se hace divulgación sobre el tema. En lugar de una enumeración detallada de todos los progresos científicos que han culminado con el desarrollo de una vacuna, el divulgador tendrá que hacer un resumen lleno de intuiciones que puedan entenderse. Se dirá algo así como que la vacuna contiene una dosis pequeña o “adormecida” del agente que causa la enfermedad para conseguir una reacción del cuerpo, que producirá los anticuerpos necesarios para luchar contra el agente infeccioso y que, de esta manera, estará preparado para cuando el agente entre en dosis más altas y peligrosas.

Al lado de esta narración divulgadora un homeópata puede poner también la suya y dirá, por ejemplo, que los productos homeópatas también logran una reacción del cuerpo para que se enfrente a la enfermedad. Los que no sabemos medicina (y algunos que deberían saber, pero parece que no la han asimilado del todo) apenas tendremos manera de entender por qué ambas narraciones responden a realidades muy diferentes. La del divulgador de las vacunas tiene ciencia detrás, la de la homeopatía, no. Esa ciencia que legitima una narración y no la otra es la clave, pero es justo lo que es difícil de explicar. Incluso si el divulgador habla de la ciencia tras las vacunas, lo hará también en términos divulgadores y sin demasiados detalles. Pero ahí el homeópata también podrá construir una narración sobre la ciencia tras la homeopatía. Los legos en la materia, de nuevo, no sabremos distinguir fácilmente quién está hablando de ciencia de verdad y quién está vendiendo una moto.

Podemos seguir así. El divulgador de las vacunas puede intentar describir el método científico que legitima el conocimiento de las vacunas como científico y divulgar cómo la homeopatía no usa el método científico (o lo usa mal, que es como no usarlo). Pero incluso en la discusión metodológica, el homeópata podrá decir que sí sigue el método científico o que el método no se aplica, según convenga. El lego en la materia seguirá perdido.

¿Está todo perdido? No tanto. He planteado tres niveles en la divulgación:
  1. Una narración que explique en lenguaje inteligible por no expertos unos hechos o teorías científicas.
  2. Una explicación de cómo esa narración tiene, punto por punto, mucha investigación científica detrás.
  3. Una explicación del porqué de la metodología científica.
Cuando uno es experto en una materia y escucha opiniones alternativas sabe que esa alternativa no es digna de tomarse en serio y que la batalla científica está ganada cuando la discusión deviene en una discusión metodológica, con la supuesta alternativa cuestionando el método científico y defendiendo otra cosa (el holismo, la praxeología, el ojo clínico, la metafísica, la no aceptación de la ciencia patriarcal-occidental-racional,…). El no experto en vacunas podrá no distinguir la validez de las vacunas frente a la de la homeopatía en el nivel 1; pero si acepta el método científico, podrá convencerse por el nivel de detalle que se da en nivel 2 en un caso y no en otro. Si no está ducho en el método científico, podrá convencerse en el nivel 3. Si ni siquiera ahí se convence, no habrá mucho más que hacer que no pueda hacer el homeópata.


Dadas estas restricciones, creo que la divulgación científica debe hacer las siguientes cosas:
  1. Servir de vínculo entre lo que se puede expresar en lenguaje no especializado y el trabajo científico. Es decir, debe explicar la ciencia en lenguaje inteligible y debe también ofrecer una guía a quien quiera seguirla de cómo llegar a las pruebas de lo que se afirma (no necesariamente debe hacerlo a la vez en cada acto de divulgación).
  2. Conseguir que todas las personas vinculadas a alguna ciencia y, por tanto, con cierta predisposición a aceptar sus métodos, entiendan cuáles son los conocimientos científicos de las demás ciencias y sepan distinguir en ellas las proposiciones establecidas con método científico y las que no. Y de estas, las que son especulaciones que no contradicen las proposiciones establecidas y que pueden ser hipótesis razonables y las que sí contradicen las proposiciones establecidas sin aportar pruebas a su favor.
  3. Defender y explicar el método científico como manera de llegar a establecer conocimientos.
  4. Ser una primera referencia para quien quiera indagar más sobre un tema (educadores, periodistas, estudiantes, curiosos y público en general).
El punto 2 toca con el problema de la endogamia que muchas veces se achaca a la alguna actividad divulgadora o de crítica a la pseudo-ciencia. No me parece tal, por lo menos, no en la medida que se aúnan a científicos de todas las áreas en un proyecto común de divulgación en lugar de tenerlos divididos con cada área despreciando o minimizando lo que hace la otra por no entender bien cuál es su actividad.