sábado, 27 de agosto de 2016




He creado un grupo de debate en la red social para profesionales Linkedin. Os animo a uniros y a aportar vuestros comentarios y opiniones. Podemos aprovechar ese espacio para tener un debate que vaya mucho más allá de las entradas del blog.

Lo podéis encontrar AQUÍ.

Os animo a seguirme en Linkedin, una plataforma con gran potencial y muy interesante.

Roberto Augusto


miércoles, 24 de agosto de 2016



por David Osorio (@Daosorios)

En estos días de transfobia me ha llamado la atención que quienes discriminan a las personas trans hacen referencia indefectiblemente a la "ideología de género".

Antes de seguir, vamos a aclarar qué es la transexualidad, para que nos entendamos. Retomo las palabras de la doctora y sexóloga Ana María Caro, que escribe sobre estos temas en su blog Amaturum —que no sé qué esperan para empezar a seguir—:

lunes, 22 de agosto de 2016

22/08/2016

            Los modelos de paternidad/maternidad y de las relaciones mutuas paterno/materno-filiares han cambiado mucho históricamente. Yo añadiría que han cambiado a mejor. En lo que sigue, simplemente reflexionaremos un poco acerca de estos cambios y otras cuestiones relacionadas con el cuidado y educación de los hijos.

domingo, 21 de agosto de 2016


José Luis Ferreira

Los dos problemas económicos principales a que se tiene que enfrentar cualquier sociedad son el de la producción y el del reparto.

Que hay un problema económico en el reparto es algo que ve fácilmente todo el mundo, dadas las evidentes desigualdades económicas. Tanto lo es, que para muchos es este el único problema económico, cuya solución pasa por fuertes políticas igualitarias para garantizar un reparto más justo (desde impuestos o gastos más progresivos hasta revoluciones). A menudo se olvidan de las consecuencias que estas políticas tendrán sobre la producción.

Pero no voy a hablar aquí de las consecuencias de la redistribución en la producción (tal vez en otra ocasión) ni de los problemas de la distribución. Me interesan ahora los problemas propios de la producción, menos conocidos. Lo más ilustrativo será poner unos ejemplos (no cherry picking, los ejemplos son representativos de los problemas productivos):

1. En mi encuentro con ingenieros y físicos, parecen entender la producción como un problema casi exclusivamente tecnológico. En un nivel, el que se refiere estrictamente a la producción, esto es ciertamente así, pero en un sentido más amplio deben incluirse las decisiones de qué producir y con qué tecnología. El qué producir es una decisión de riesgo. ¿Estaremos produciendo mucho o poco? ¿Alguien querrá lo que producimos? ¿Lo querrán al precio que queremos vender? La decisión de elección de la tecnología puede parecer ser la parte exclusivamente ingenieril, pero no es así. Muy a menudo compiten varias tecnologías para producir un bien o servicio y con la complicación de que esas posibilidades tecnológicas pueden cambiar en el futuro, así que hay que tomar otra vez decisiones de riesgo. Y todo esto sin hablar de los problemas de buscar proveedores, clientes, respaldo legal, decidir cómo crecer, cómo invertir, repartir beneficios, etc.

2. Unos obreros toman una fábrica (a la fuerza, tras una negociación, como pago por sus salarios atrasados, como caída de la URSS,...). Son perfectamente competentes en las tareas de la fábrica, se conocen los procesos de fabricación y saben quiénes son sus proveedores y clientes. Tienen toda la información, pero a menudo fracasan. De igual manera, un país inicia su revolución socialista realmente existente, se apropian las masas de los medios de producción que conocen y manejan perfectamente y vuelven a fracasar. Ha faltado todo lo que señalaba en el punto anterior. No saber estas cosas es lo que me hace pensar que muchos de mis contertulios científicos sean simpatizantes de ideas marxistas o similares. No ven el problema económico de la producción, solo el limitado de la transformación de inputs en outputs.

3. En tiempos modernos, con parte de la humanidad desnutrida o, directamente, que se muere de hambre y con los recursos materiales para evitar esa situación, uno puede muy bien también caer en la tentación de pensar que no hay problema de producción agrícola o que su solución sería muy fácil. Y ciertamente lo sería, a corto plazo. Tomando cualquiera las riendas de la producción agrícola del mundo podría repartir lo producido para eliminar el hambre, porque ahora se produce lo suficiente. Sin embargo, sin un plan viable de qué hacer al día siguiente, el problema volverá a surgir y con mayor intensidad (vean la historia agrícola de la URSS y de la China de Mao).

El problema, claro está, es mantener la producción y para ello hay que mantener el incentivo para que los millones de agricultores, obreros, inversores, propietarios,... sigan tomando las decisiones de producir eficientemente y eso no se soluciona solamente con tecnología, a pesar de ser absolutamente necesaria, y lo que debe acompañar a la tecnología no es ideología, precisamente, sino buena economía.

martes, 16 de agosto de 2016

Peter Singer, defensor de una ética favorable a los animales
16/08/2016

            La semana pasada hablábamos de las dietas veganas y si sería conveniente que los padres veganos alimentaran a sus hijos de acuerdo a su misma dieta. Vamos a intentar ahora hacer un repaso un poco más general del veganismo y no solo en lo relativo a la dieta, lo que por su extensión haremos en dos entregas (1ª parte y 2ª parte).
Tom Regan, defensor de los derechos animales
16/08/2016

                  En la entrada anterior decíamos que el argumento del sufrimiento no justifica satisfactoriamente el veganismo. Pero tal vez podría justificarlo si añadimos que el hecho de matar a un animal (aunque sea de forma indolora) es inmoral en sí mismo. El problema de esto es encontrar una razón suficiente que haga inmoral esa muerte y que no nos lleve al callejón sin salida de la sacralidad de toda forma de vida (incluidas plantas, etc.).

domingo, 14 de agosto de 2016


José Luis Ferreira

De vez en cuando tengo discusiones sobre la metodología de la Economía. La situación recurrente es que mi interlocutor sabe algunas cosillas de qué hace la Economía, pero sin entender su alcance dentro del resto de más cosas que se hacen y no sabe. Por ejemplo, mi interlocutor sabe que tenemos modelos en los que la gente es racional y egoísta, o que tenemos modelos con mercados competitivos. Y, claro, todo el mundo sabe que los seres humanos distamos mucho de ser racionales y que a menudo no somos egoístas. Y también sabe que los mercados competitivos, por su parte, solo existen en la imaginación calenturienta de unos economistas que no conocen la realidad.

Me centraré en la hipótesis de maximización del bienestar propio. Con esta hipótesis en la mano (y alguna otra) se desarrolla el modelo de Equilibrio General donde se estudian las condiciones en las cuales los mercados son eficientes (entre otras cosas). Esto es interesante por múltiples razones:

1. Podemos explicar unas cuantas regularidades de la historia económica.

2. Podemos hacer algunas recomendaciones de política económica para generar las condiciones en las que se da la eficiencia. Recuérdese que eficiencia económica implica usar los recursos de manera que no se derroche ninguno, incluido el medio ambiente. Ecología pura, vamos.

3. Podemos proponer mecanismos de regulación del mercado o mecanismos alternativos al mercado cuando no se dan las condiciones idóneas del modelo.

4. Podemos entender que maximizar el bienestar propio (la utilidad de los individuos y los beneficios de las empresas) no solo no tiene por qué estar reñido con la eficiencia económica sino que es parte necesaria para conseguirla. Siempre que se den el resto de las condiciones, claro está.

Hay quien dice que nada de lo anterior está bien hecho porque todo se sustenta en una hipótesis que sabemos falsa. Basta con observar a un individuo que no es egoísta alguna vez para saber que no estamos ante una ley verdadera.

Esta objeción tiene varias respuestas:

1. La falsedad de las premisas no es en sí misma relevante. Lo relevante es si el modelo realizado con ellas nos sirve para entender la realidad mejor que otros modelos deducidos de otras premisas. Así, muchos de los modelos de mecánica celeste asumen astros que son puntos en el espacio, de igual manera los mapas de las ciudades son planos, los choques de dos cuerpos son elásticos o los gases son ideales. Se me responde que estas son aproximaciones que no intentan ser leyes generales. Pero es eso mismo lo que hacemos en Economía. Los supuestos no son leyes, son simplificaciones, como cualquier modelo o teoría en cualquier ciencia. La única que aspira a que sus supuestos sean coincidentes con todas las entidades reales es la Física de partículas. Todas las demás parten de simplificaciones, ya que nunca deducen sus leyes directamente de la Física de partículas. Las leyes, por otra parte, no tienen que ser leyes universales ni leyes que tengan en cuanta todos los efectos, pueden ser locales, parciales y medidas en términos estadísticos. La mayoría de las leyes en todas las ciencias son así. Si no quieren llamarse leyes, llámense regularidades. El nombre es lo de menos.

2. Criticar el modelo sin proponer alternativas es inútil. De acuerdo, a veces no somos egoístas y mostramos comportamientos altruístas, pero mientras el comportamiento egoísta prevalezca cuando uno va al súper a comprar (y quiera sacar el máximo partido a su dinero) no tiene sentido sustituir la hipótesis egoísta por la altruísta para estudiar el comportamiento en los mercados anónimos. El modelo actual explica bien qué sucede en ellos cuando se pone un impuesto, una cuota, un precio regulado, una limitación de entrada,... El supuesto altruísta no hará mejores análisis. De hecho, en la mayoría de los casos no hará ningún análisis, puesto que no llevará a ninguna conclusión.

3. La Economía sí usa supuestos no egoístas. Los estudios de la economía familiar, por ejemplo, suponen que los padres se preocupan del bienestar de los hijos. Pero es más, no hay ningún problema en la Economía estándar en suponer que también nos preocupa cosas como el nivel de igualdad de la sociedad y deducir que esto implica un dilema del prisionero. Por una parte queremos dedicar recursos a reducir la desigualdad, pero por otra parte queremos no ser nosotros quienes paguemos. La conclusión es un contrato social (es una manera de hablar) según la cual aceptamos que parte de nuestros impuestos (que nos obligamos a pagar y no lo hacemos voluntariamente, como bien explica la hipótesis egoísta) se dediquen a esas políticas.

4. Son los economistas académicos quienes han desarrollado modelos alternativos a la maximización de beneficios, como las dinámicas evolutivas, de imitación, de aprendizaje,... y los que han estudiado las situaciones en las que nos manifestamos comportamientos altruistas (grupos pequeños, interacción repetida, existencia de normas sociales,...) y han encontrado también algunas regularidades. De momento no sirven para explicar mejor el comportamiento de los mercados anónimos y otras instituciones económicas en las que se basa la mayor parte de la actividad económica, ni sirven para proponer mecanismos económicos distintos en la mayor parte de esa actividad, aunque sí empiezan a dar pistas de cómo hacer algunas cosas en alguna de la menor parte. Hace un tiempo tuvimos por Madrid a Ernst Fehr hablando de estas cosas.

sábado, 13 de agosto de 2016




13/08/2016

            Varias noticias han suscitado la polémica relacionada con los menores y el veganismo. La última, la propuesta de una diputada italiana para penar con años de cárcel a los padres veganos que dañen a sus hijos por imponerles su misma dieta.

viernes, 12 de agosto de 2016

     Michael Phelps es el mejor nadador de la historia, pero eso no impide que la comunidad científica emita críticas en su contra. Phelps ha acudido a la terapia del cupping, la cual consiste en colocar vasos de vidrios calientes sobre algunas zonas del cuerpo, a fin de reventar algunos vasos capilares, y esto deja unas marcas moradas sobre el cuerpo. Supuestamente, eso sirve como estímulo  para el sistema circulatorio en esa zona del cuerpo, y se logra más fuerza muscular.
            Esa técnica procede de la medicina tradicional china. Lo mismo que respecto a la acupuntura, los científicos saben muy bien que, en realidad, tal técnica no concede ningún resultado fisiológico. A Phelps parece funcionarle muy bien, pues sigue siendo el rey de la natación. Pero, su efecto no pasa de ser psicológico. Es un mero placebo.

            ¿Hace daño? La práctica no es intrínsecamente peligrosa, más allá del dolor momentáneo que puede sentir el paciente cuando se le colocan los vasos de vidrio calientes. Pero, toda terapia pseudocientífica lleva el riesgo de que, cuando se trata de males más graves, el paciente abandone los métodos curativos que sí funcionan, y opte por esas mamarrachadas.
            Me parece que lo que Phelps hace no es tan grave como lo suponen algunos de sus críticos. Él sólo está usando esa técnica para ganar una competencia él mismo. No está diciendo a los pacientes con cáncer que abandonen la quimioterapia para tomar hierbitas y someterse a ramazos dados por un brujo.
Lo ideal sería, por supuesto, que Phelps entendiese que esas terapias en realidad no sirven para nada, y que asumiera una actitud plenamente racional. Pero, en el deporte, esto es sumamente difícil. Desde el siglo XIX, cuando la antropología se encontró con las supersticiones de muchos pueblos, se intentó establecer una diferencia intelectual entre los pueblos primitivos, y los pueblos más intelectualmente avanzados. Los primitivos, se decía, piensan más irracionalmente, y por eso, emplean tantos procedimientos de magia; mientras que los modernos utilizan más la racionalidad, y se guían por la ciencia.
Pero, pronto, los antropólogos empezaron a documentar ejemplos de supersticiones en actividades muy modernas. Un famoso estudio del antropólogo George Gmelch, documentaba los pequeños rituales mágicos a los que acuden los jugadores de béisbol: no pisar la raya de cal, tocar un número específico de veces el casco a la hora de batear, etc. Gmelch descubrió algo muy interesante: las supersticiones son mayores cuando se batea, que cuando se fildea. ¿Por qué? Porque, en el béisbol, hay más probabilidades de fracaso bateando que fildeando.
Y, esto revela algo muy recurrente en las conductas supersticiosas y en la magia en general: su incidencia aumenta frente a la incertidumbre. Malinowski, quizás el autor más importante de toda la antropología, célebremente documentaba cómo los trobriandeses acudían a la magia cuando salían a navegar en el mar abierto, pero no lo hacían cuando salían a navegar en la laguna, con aguas mucho más tranquilas. En momentos de angustia e incertidumbre, se es más vulnerable a abandonar la racionalidad.
Phelps está en las olimpíadas, un evento que es psicológicamente duro para cualquier atleta. Ocurren sólo cada cuatro años, compitiendo contra los mejores atletas del mundo, y el planeta entero está a la expectativa. Esto no es la competencia del barrio. Es natural, entonces, que ante la incertidumbre y el estrés conduzcan a alguien como Phelps al pensamiento mágico.
En función de ello, creo que no debemos ser tan duros con Phelps. Muchos dejamos pasar que Karl Malone repitiera unas palabritas antes de lanzar el balón desde la línea de tiros libres, o que David Luiz se arrodille y mire al cielo cada vez que sale a jugar. ¿Por qué no hemos de dejarlo pasar con Phelps?
Se dirá que mucha gente, al tomar a Phelps como modelo, acudirá al cupping, y en ese sentido, Phelps sí es mucho más reprochable. Lo que hacen Malone o David Luiz es abiertamente mágico religioso, y poca gente está dispuesta a repetir una actividad tan irracional; en cambio, lo que hace Phelps es pseudocientífico, y eso es mucho más peligroso, porque da la impresión de que se está sometiendo a un procedimiento aparentemente científico pero que, en realidad, es una mamarrachada.

Quizás. Pero, si a modelos vamos, creo que en el deporte hay muchos otros atletas que hacen cosas terribles, y que también sirven como modelos negativos a mucha gente. Barry Bonds, con sus esteroides, puede sembrar en muchos jóvenes la idea de que, inyectándose sustancias peligrosas, podrán ser grandiosos bateadores. Incluso, Messi con sus tatuajes puede conducir a las maleables mentes adolescentes a hacerse los mismos tatuajes en sus cuerpos, con tal de parecerse a él. Un tatuaje, con su riesgo de hepatitis, infecciones o reacciones alérgicas, puede ser bastante más peligroso que el cupping. Seamos más consistentes, y critiquemos con mayor proporcionalidad.

martes, 9 de agosto de 2016


09/08/2016.

            Antes de ayer falleció Gustavo Bueno, uno de los mejores filósofos en lengua española y que merece ocupar un puesto en la Historia Universal de la Filosofía. En lo que sigue no voy a caer en la costumbre de ensalzar al recién fallecido y convertido en la mejor persona del mundo solo por haber muerto, diciendo alabanzas de él que jamás le hubiéramos dicho en vida. Más bien haré algo que seguramente a él le hubiera gustado más: reflexionar sobre su legado de forma crítica y polémica.

            Para empezar diré por qué considero que Bueno fue un Filósofo, con mayúsculas, y justificaré su merecido lugar al lado de los más grandes en la Historia de la Filosofía. La razón principal es que el propósito de Bueno era elaborar todo un Sistema de Filosofía. Es decir, que abordara todas las áreas de la filosofía de forma completa, lógica y sistemática, dando lugar a un conjunto coherente y fructífero, que permitiera a quien lo dominara trabajar en él y obtener resultados. Otra cosa es que lo lograra, o que un propósito así sea posible y viable. Pero haberlo intentado y el resultado obtenido ya justifican la inclusión de Bueno en el panteón de los mejores en ese sentido. Pocos merecen un lugar ahí, pero Gustavo Bueno se lo ganó al lado de Platón, Aristóteles, Kant o Hegel. Los sistemas respectivos de cada uno nos gustarán más o menos, pero el mérito de construirlos y su contribución a la filosofía ya es bastante.

            Lo anterior distingue a Bueno como Filósofo de otros filósofos (con minúscula), profesores de filosofía o divulgadores que no tenemos sistema propio, que trabajan el de otros, que se especializan en un área de la filosofía, o que divulgamos lo mejor que podemos lo que sabemos de filosofía.

            Otro gran mérito de Bueno es su propia definición de Filosofía. Lejos de ambigüedades o formulaciones rimbombantes de aparente profundidad pero totalmente superficiales (del tipo la filosofía es consustancial al ser humano, todos los seres humanos somos filósofos, por qué el ser y no la nada…), Bueno establece que la filosofía es un saber, racional, implantado, crítico, sistemático, polémico, de segundo grado y que se ocupa de Ideas. Esto le permite distinguir claramente lo que es la filosofía de lo que no es, así como mostrar las relaciones entre filosofía y otros saberes, especialmente los científicos. Lo que, dicho sea de paso, tiene enorme valor a la hora de hacer Historia de la Filosofía, pues delimita el objeto (o campo) de estudio de dicha Historia y sus orígenes, desmontando el mito de la filosofía como saber primigenio, madre de las ciencias o tronco del árbol del saber (del que las ciencias serían sus ramas). La filosofía aparece como un saber de segundo grado que se alimenta de otros materiales y saberes de primer grado, alimentación (metafórica) que consiste en triturar (criticar) esos saberes o pseudosaberes buscando y articulando more geometrico la symplokhé (entretejimiento, relación) entre las Ideas que resulten de ellos.

            La orientación materialista del sistema de Bueno es otro mérito en su haber, frente al formalismo, espiritualismo o idealismo de otros sistemas. Así como su dialéctica, distinta tanto de la hegeliana como de la marxista (aunque alimentada de ellas). Resulta así un Materialismo Filosófico (MF) que pretende superar al Diamat (materialismo dialéctico soviético) que siempre tuvo como referencia crítica, así como a otros materialismos (sobre todo monistas).

            Otro punto a favor de Bueno es que el carácter sistemático de su filosofía permite el trabajo colegiado dentro de ese sistema. De esta forma, la filosofía, lejos de ser el producto de la reflexión meramente individual de un pensador aislado, viene a ser el resultado de un trabajo colectivo, activo y coherente entre varias personas con un programa común. De hecho, la filosofía de Bueno ha sido desarrollada por lo que ha dado en llamarse la Escuela de Oviedo o “buenistas”, es decir, todos los discípulos del maestro Bueno que han utilizado su sistema de filosofía aplicándolo por sí mismos y divulgándolo, primero en la revista El Basilisco, y después a través de la Fundación Gustavo Bueno y de internet (el Catoblepas, por ejemplo, o la imprescindible filosofía.org). Como dijimos al principio, otra cosa es que el resultado final cumpla con estas expectativas, pero sea así o no, el mérito es innegable. Lo que coloca al Materialismo Filosófico en la tradición de las escuelas filosóficas junto a la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles, el epicureísmo, el estoicismo, la Escolástica, el hegelianismo o el marxismo.

            El carácter racional, implantado, crítico y polémico que califican a la filosofía, según Bueno, tiene el inmenso valor de poder desmitificar (o mitificar) multitud de mitos existentes, intentando clarificarlos y denunciarlos según sea el caso. Así, Bueno ha procedido a la crítica de los mitos de la Cultura, la Izquierda, la Derecha, la Felicidad, etc. (o &c., que escribiría él). Por otra parte, lejos del “buenrollismo” y el “tolerantismo” de otras concepciones filosóficas, la suya propia ha estado en “guerra” continua con todas las demás, mostrando sus insuficiencias y debilidades desde su propia perspectiva. Ardor guerrero que no ha dejado bicho con cabeza, repartiendo por igual a la religión, la teología, la ciencia y las demás filosofías. Lo que ha dado lugar a que gran parte de su filosofía se haya desarrollado in medias res de esas polémicas, por ejemplo las habidas con Sacristán sobre la propia concepción de la filosofía (que dio lugar al libro El papel de la filosofía en el conjunto del saber (1970)).

            Algo más que hay que reconocer a la filosofía de Bueno es su enorme labor en pro de la filosofía española. El propio Bueno y sus seguidores han realizado un trabajo encomiable en la recuperación y vindicación de los pensadores españoles y sus aportaciones a la filosofía, muchas de ellas ignoradas o atribuidas a otros filósofos extranjeros sin reconocimiento del antecedente patrio de las mismas. Destaca aquí el trabajo realizado en torno a Benito Jerónimo Feijoo.

            La filosofía de Bueno no fue, ni mucho menos, “filosofía de salón” o encerrada en las facultades. Ya no solo porque Gustavo Bueno bajara a la mina a enseñar filosofía a los obreros, ni por sus críticas a la filosofía que se viene haciendo en las universidades. La idea de filosofía como saber implantado obliga a que ésta esté en contacto permanente con los demás saberes, no solo científicos y académicos, sino también mundanos, lo que llevó a Bueno a platós de televisión y a iniciar una labor de divulgación filosófica a través de su propia Fundación, internet, congresos y medios de comunicación. A destacar también su manual de filosofía Symplokhé (1987) para el alumnado de bachillerato, que si bien es una monstruosidad para gente de esa edad (por su complejidad), es absolutamente recomendable para quienes se especialicen en Filosofía años después en la Universidad o preparando oposiciones.

            De todas formas, no todo es perfecto. La filosofía de Bueno, el Materialismo Filosófico, puede decirse que es, ahora mismo, uno de los últimos grandes sistemas de filosofía existentes (el de Mario Bunge podría ser otro), comparable al marxismo, el hegelianismo o el aristotelismo. Pero, como ellos, tampoco es definitivo.

            Visto el haber de Bueno, pasamos brevemente al debe. No sin razón se ha acusado a Bueno de cierta “logorrea”, de hablar y escribir mucho pero no siempre con el mismo acierto. El tener un sistema tan cuidado y depurado le permitía aplicarlo profusamente a cualquier cosa, ya fuera la religión, la bioética o hasta la televisión o el deporte. No obstante, cabría la duda de si realmente el sistema se puede aplicar a todo o si solo se aplica a lo que a Bueno y los suyos les interesa. De hecho, el Materialismo Filosófico tiene muy pocos desarrollos en lo que a Estética refiere, por ejemplo. Por otro lado, también queda otra duda más: si el sistema es capaz de dar de sí para acaparar todo eso, o si en muchos, o algunos casos por lo menos, no se estará metiendo con calzador muchos contenidos en las casillas que les debían corresponder según los parámetros “geométricos” del sistema. No obstante, es cuestión de esperar a ver si los desarrollos del sistema, ahora sin el maestro, dan lugar a resultados satisfactorios en esas y otras áreas y que sean aceptados pacíficamente por sus continuadores.

            Pese al pretendido materialismo del sistema, pretensión sincera sin duda, el resultado a veces es bastante insatisfactorio, crítica que ya realizó en su día el materialista Gonzalo Puente Ojea. En ocasiones, la redefinición de los términos materialismo, formalismo, idealismo, etc., y sus tipologías parecen hechas a propósito de poder “demostrar” que todo lo que no es del agrado del maestro caiga del lado idealista (o de materialismos groseros) por eso mismo, y que sus propias concepciones sean de suyo materialistas solo por proceder de él. En cierto modo, el materialismo de Bueno podría verse como un hegelianismo vergonzante: una reformulación de ideas hegelianas pero en lenguaje materialista como no podía ser menos después de Marx, y que se revela cada vez menos materialista conforme se distancia del marxismo progresivamente. Para Bueno, el materialismo es más bien pluralismo (y el idealismo cualquier monismo). De hecho, Bueno llega a plantearse una revisión de la historia del materialismo en la que la Teoría de las Ideas de Platón se reivindique como materialista por su pluralismo (Bueno. Materia, cap. 7. Pentalfa, 1990).

Otras veces, el MF no deja de ser bastante formalista, con estructuras muchas veces triádicas que procuran buscar y acaban encontrando (“buscad y hallaréis”) esas triadas donde hiciera falta. Así, el espacio antropológico tiene tres ejes (circular, radial y angular), igual que la gnoseología tiene otros tres (sintáctico, semántico y pragmático) y cada uno tres secciones, el cuerpo de la sociedad política también tiene tres capas (conjuntiva, basal y cortical) y cada una tres ramas, la religión se desarrolla en tres fases (primaria, secundaria y terciaria), o la ontología que incluye tres géneros de materialidad (M1, M2 y M3). Por no hablar del lenguaje específico que utiliza el MF, a veces incomprensible, y que dificulta el acercamiento al propio sistema, o genera dudas sobre si es una forma de clarificar o más bien una especie de rito de iniciación cuyo dominio debe demostrar el aspirante a “buenista”.

            El sistematismo del Materialismo Filosófico es encomiable, pero a veces parece fallar en lo relativo a la posibilidad de segregación de su propio autor. En teoría, un sistema debe ser capaz de funcionar por sí mismo, independientemente de quien lo utilice. Dos individuos, trabajando cada uno en el mismo sistema sobre lo mismo, deberían lograr los mismos resultados. Sin embargo, eso es dudoso respecto del sistema de Bueno. Más bien parece, a veces, que el sistema está al servicio de las propias ideas del maestro y que sirve para justificarlas como si fueran conclusiones. Sobre todo, parece que esto es así en lo que a la obra del último Bueno se refiere y sus análisis respecto de la memoria histórica de la guerra civil, la unidad de España, la diferenciación izquierda-derecha, el laicismo, etc.

            Relacionado con lo anterior, y desaparecido el maestro, queda por ver qué pasará con la escuela. Por un lado, hay que tener en cuenta que una de las obras magnas de Bueno, la Teoría del Cierre Categorial (TCC), proyectada en 15 volúmenes, solo ha llegado al quinto. ¿Qué pasará con el resto de la obra? ¿Será posible reconstruirla y publicarla como si el propio Bueno la hubiera escrito? En teoría sí, porque si hablamos de un sistema, cualquiera que lo dominara podría continuarlo en cualquier punto que lo dejara otro (parecido a como un matemático puede continuar resolviendo una ecuación inacabada de otro). A mi modo de ver eso no ocurrirá. La personalidad e ideas propias (incluidas sus filias y fobias) del maestro son parte de su propia obra y sin él es imposible continuarla. Posiblemente se especule con qué hubiera escrito Bueno en tal o cual volumen, igual que se puede especular que habría escrito Aristóteles en la segunda parte de su Poética.

Más allá de la TCC, la propia continuación de la escuela puede verse amenazada por sí misma. Gustavo Bueno ha sido el nexo de unión de la escuela, una especie de Pitágoras para sus discípulos, y quien resolvía la ortodoxia cuando había disensiones (por ejemplo, la polémica entre Bueno y Fuentes Ortega), aunque lo normal no era rechistarle al maestro. De hecho, las producciones filosóficas de la escuela, en muchos casos, son glosas del maestro o repeticiones literales de sus textos. Pero, sin él, es más que probable que las diferencias afloren con más fuerza. Puede incluso que las polémicas internas den lugar a divisiones y rupturas en la escuela, como ha pasado con tantas otras en las que, una vez sin el maestro, la escuela se disgrega en diferentes grupos internos enfrentados entre sí. En la historia de las religiones y las doctrinas políticas es el pan nuestro de cada día: poco después de morir Jesús sus seguidores se dividieron entre judaizantes y paulinos, y después de Marx las divisiones entre los marxistas siguieron un ritmo geométrico (por no hablar de las divisiones entre los trotsquistas después de Trostqui, que dan lugar a que haya más trotsquismos que trostquistas). Cabría ver si la escuela no acaba convirtiéndose (si es que no ha pasado ya) en una suerte de hetería soteriológica, empleando sus propios términos. O si se dividirá en una “izquierda buenista” y una “derecha buenista” como el hegelianismo.

La filosofía de Bueno ha evolucionado, como toda filosofía. Tal vez un punto de inflexión esté en la desaparición del bloque comunista liderado por la URSS. Gustavo Bueno siempre tuvo en perspectiva el marxismo y al Diamat. Podríamos decir que, en cierto modo, su proyecto filosófico pretendía al principio salvar o recuperar lo que hubiera de valioso en el materialismo dialéctico. Posiblemente Bueno confiara en el triunfo del comunismo como civilización y quisiera ofrecerle una filosofía adecuada, ser para el comunismo lo que Tomás de Aquino fue para la cristiandad, Kant para la Ilustración o Hegel para el imperio napoleónico. Pero, desaparecido el comunismo realmente existente, el proyecto filosófico se queda sin referente material, de ahí la búsqueda desesperada de otra plataforma y que Bueno cree encontrar en la comunidad hispanoamericana y la cultura católica (el Imperio católico español) frente a Europa, los EEUU protestantes y el islam. Tal vez por eso su giro derechista, españolista y católico.

En lo político, desaparecida la URSS, Bueno irá alejándose del marxismo y la izquierda política (o por lo menos de lo que el común de los mortales entendemos por eso), para redefinirlos, neutralizarlos y abandonarlos progresivamente. Así, por ejemplo, reniega del socialismo como característica de la izquierda. En “La ética desde la izquierda” (1994), todavía define la izquierda como un “racionalismo socialista”, mientras que, posteriormente, en “En torno al concepto de izquierda política” (2001) ya lo hace como “racionalismo universalista”. En cuanto al marxismo, por ejemplo, no solo redefinirá la metáfora de base y superestructura del materialismo histórico, sino que se apartará de la lucha de clases hacia el estatalismo, el nacionalismo liberal y el imperialismo católico.

El giro españolista y hacia la comunidad iberoamericana, sobre todo después de la conferencia “España” (1998) y España frente a Europa (1999), le terminan de alejar de la izquierda (y marcan su polémica con Fuentes Ortega). Después vendrá una defensa ultramontana del nacionalismo español, el imperio católico español, y contra los separatismos, el PSOE de Zapatero (y lo que llamó su “pensamiento Alicia”), la memoria histórica de la guerra civil y todo lo que pueda ubicarse en la izquierda política (la que esté más allá de la segunda generación de izquierdas definidas o cualquiera indefinida): derechos de los animales, aborto, eutanasia, violencia de género, etc. Al mismo tiempo, se irá acercando a (lo que los demás entendemos por) la derecha política y la defensa de ciertas ideas con tufos casi falangistas (el imperio español que recuerda a “España destino en lo universal”), la defensa de la pena de muerte (ejecución capital o eutanasia procesal, en su propio lenguaje), defensa de la guerra de Irak, etc.

En cuanto a la religión, Bueno comienza con un análisis bastante racionalista (aunque sui generis) de la misma a partir de la idea de religación, sus fases y su origen en los númenes animales (que sirvió para otra polémica más con Puente Ojea). Sin embargo, el racionalismo ateo viene a quedar en segundo plano frente a una vindicación, cada vez mayor con el paso del tiempo, del racionalismo católico de estirpe escolástica, llegando a hablar de “ateísmo católico”. Sin el imperio soviético y abandonado el marxismo ateo, procura así conjugar el españolismo católico de toda la vida (que identifica el catolicismo como esencia de lo español) con sus ideas materialistas y ateas pero reformuladas a la baja. En este contexto de rechazo de la izquierda y recatolización puede entenderse también su crítica del laicismo como idealista y formalista (a su manera de entender el materialismo, el idealismo y el formalismo). El recurso a este “catolicismo ateo” viene, además, reforzado por las amenazas que Bueno cree ver hacia España procedentes del islam y en connivencia con la izquierda (asumiendo el mito de Eurabia).

Según lo dicho, el sistema de Bueno no sería un sistema tal sino más bien la evolución del propio pensamiento de Bueno con apariencia de sistema, donde todo se formula o reformula según convenga. O mejor dicho: el pensamiento del primer Bueno sí sería sistemático y materialista, o lo pretendería, pero luego habría evolucionado hacia otra cosa. Podría ensayarse la idea de si dicha evolución no corresponde a dos Buenos (igual que se habla de dos Marx: el joven y el maduro): uno joven, de izquierda, ateo, marxista, materialista y dialéctico, aunque heterodoxo (respecto del Diamat), y otro maduro, de derecha, ateo pero más católico todavía, con un marxismo ya irreconocible, un materialismo reformulado y muchas veces indistinguible del idealismo y el formalismo, y una dialéctica que sirve para justificar todos estos cambios y los que pudieran venir después, y que es ahora quien marca la ortodoxia dentro de su propia escuela.

Sea como sea, Gustavo Bueno pasará a la historia como uno de los más grandes filósofos, con todo un sistema de filosofía, muy potente e inspirador a pesar de todo. Sus discípulos, sus críticos, los historiadores y cualquiera interesado en la filosofía podrán discutir sobre el valor de su obra y sus aportaciones, pero nadie dudará que, después de él, la filosofía ya no será la misma.


Andrés Carmona Campo. Licenciado en Filosofía y Antropología Social y Cultural. Profesor de Filosofía en un Instituto de Enseñanza Secundaria. 
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