martes, 28 de junio de 2016

Por Alejandro Miñano

Uno de los aspectos de la Grecia antigua que más me atrae es el carácter individualista de las personas. Quizás sea porque es lo que nos falta en nuestra sociedad, quizás sea porque hoy día, en nuestras vidas, lo autónomo, lo particular, lo individual está en decadencia e infravalorado, siendo más frecuente que se premie  lo colectivo. Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta que ya apenas se aprecia el trabajo individual de uno mismo, la pasión y los sentimientos por lo que uno hace, la libertad para desarrollar un sistema nuevo, un método personal, una idea original, en definitiva, el gusto de crear e imaginar un trabajo con el que podamos sentirnos felices y desarrollados. Todos estos conceptos están en un segundo plano porque no tienen prioridad en un mundo vertiginoso donde las actividades que nos rodean están diseñadas y programadas por una estructura multidisciplinar y globalizada. La música moderna de hoy, por ejemplo, suena de la misma manera y habla de los mismos temas. Con letras poco elaboradas, mucha tecnología y escasa imaginación, el éxito surge al instante pero sus canciones y artistas no tendrán eco en la eternidad. La fama y la fortuna llegan inmediatamente, pero son engañosas. No nos extrañe ver los programas televisivos que exprimen un formato comercial buscando talentos que nunca llegarán a la cima de sus carreras y que dejan un rastro de  artistas pésimos, decadentes, colocando, a su vez, en un mal lugar a aquellos artistas que llevan dentro de sí un diamante en bruto por pulir. Son estos proyectos comerciales, superficiales y materialistas, sin cambios internos ni evolución personal, los que imperan en las cadenas televisivas.  Por ello, tenemos que ser arquitectos de nosotros mismos para poder mejorar y de esta manera, regenerar el mundo que nos rodea.
Se me viene a la mente otro ejemplo: una franquicia conocida a nivel internacional que se dedica a vender muebles y decoración para el hogar. Sus largos pasillos están perfectamente señalados con flechas en el suelo para guiarte por todas sus instalaciones; un cordón humano transitando como “borregos” por esos pasillos donde nadie puede salir de las líneas marcadas, porque de lo contrario, serías una sombra perdida por los recónditos recovecos de esa jaula comercial. Igualmente, para viajar,  es preciso que una agencia de viaje te organice tus vacaciones y te integre en un grupo de turistas marcados por una colectivo (tercera edad, solteros, enamorados, etc.). Estas  rutas están envueltas de tintes comerciales que nunca te dejan ver la realidad del país, sino lo maravilloso y paradisíaco de sus rincones,  y  cuanto más gente haya a tu alrededor, por metro cuadrado, mejor todavía, porque representa un status de reconocimiento y popularidad. En definitiva, siempre nos muestran  lugares que tengan notoriedad en los folletos turísticos, en las redes sociales, en las webs relacionadas con viajes, excursiones, zona de ocio, etc. También,  para relajarse uno y soltar el estrés, salimos de casa y recorremos las calles céntricas de nuestra ciudad para ver todos los escaparates comerciales y realizar algunas compras…inesperadas. O bien, acudimos a un campo de fútbol para ver a tu equipo favorito y rodearte por miles y miles de personas que insultan y vociferan al rival, o bien buscamos un lugar en la playa donde un mar de sombrillas tapan la arena y un olor característico a tortilla de patatas, filetes empanados, cerveza y vino envuelven tu entorno, mientras leemos la prensa rosa de famosos que viven del cuento y gracias a la sociedad que los ha impulsado a lo más alto de la cima.
Arrecife de la Sirena (A. Miñano)
¿Dónde están los lugares que quedan al margen de la moda como las rutas por la montaña, pueblos del interior con vestigios medievales, los museos o rincones de tu ciudad olvidados por el paso del tiempo pero que tienen un valor histórico incalculable?
En nuestra sociedad, que impulsa el colectivismo, la globalización y formar parte de un grupo social,  es inevitable que el individuo se pierda entre las masas y dilapide la esencia de lo que es, de lo que somos interiormente, de potenciar nuestras capacidades y percepciones que tenemos dentro de nosotros. ¿Para qué si todo está precocinado, prefabricado? ¿para qué calentarnos la cabeza? Lo mejor es seguir por el pasillo con la flecha marcada y no salirte de la ruta. Hemos dejado de lado las buenas conversaciones en familia, las reuniones con los amigos, pasear tranquilamente por la montaña, buscar el retiro individual, leer un buen libro, disfrutar de una película que esté fuera de la lista comercial, de visitar ruinas arqueológicas y recuperar ese pedacito de historia, que también es nuestra historia y forma parte de nuestro legado cultural.
El estilo de vida de los griegos antiguos nada tiene que ver con el nuestro pues tenían muy marcadas las líneas de la esfera intelectual, familiar, lúdica, individual. ¿Es tan difícil apreciar la felicidad estando solo? En el actual modelo social de vida, nadie nos ha enseñado a estar solos con nuestros pensamientos. Es lamentable que la mente esté siempre ocupada, para bien o para mal, y forzamos este estado mental con toxicidades modernas como el móvil, por ejemplo. La mayor parte de las personas no le resulta nada agradable pasar el tiempo a solas con sus propios pensamientos. Les aterra y mucho, por ejemplo, enfrentarse a sus miedos. Por lo tanto, se está perdiendo la capacidad crítica, reflexiva y observadora, ya que nuestro sistema social nos mueve como marionetas: a su antojo. Es una lástima porque una de las virtudes que tiene el ser humano es la capacidad de pensar y reflexionar de manera consciente. Hay que reconocer que nuestra mente pasa a estar fatigada por la dura jornada del día o se queda en babia, como desconectada, en pausa, experimentando una serie de sensaciones, de recuerdos, de planes de futuro…pero poco más. Creo que nos hemos acomodado y es éste el primer síntoma de esta sociedad que duerme en un aletargado sueño con fuertes pesadillas. Tenemos que empezar a despertar, a observar con detalle el mundo que nos rodea. Tenemos que reconocer que nos hemos equivocado de camino. Para eso, hay que empezar por uno mismo…
Añadiré un ejemplo a nivel personal. Siendo de Andalucía, concretamente de Granada, al sur de España,  puedo decir que las tres ciudades que copan la corona de Andalucía son: Sevilla, Córdoba y Granada. Después, tenemos a Cádiz, con su salero, carnavales y sus playas; Málaga, un epicentro de turistas europeos, con ingleses y alemanes como protagonistas principales; Jaén, tierra de olivos, de buenos aceites; Huelva, con su jamón ibérico y conocida también porque Cristóbal Colón partió desde allí para las Américas. ¿Y Almería? Nadie me había hablado de esta provincia, nunca había escuchado algo especial sobre su ciudad y su entorno natural. Para mi sorpresa, ha sido el gran descubrimiento. Me salí de esa flecha que seguían las masas y decidí explorar Almería. ¡Impresionante! Un escaparate natural precioso rodeado de mar, desierto, calas inhóspitas, rincones salvajes, montañas agrestes sin restos de huellas de conglomeraciones de turistas.  La provincia con más luz solar de toda Europa pero desconocida para los ojos de las personas.  
Museo del Cine, Almería (A. Miñano)
  
John Lennon estuvo en Almería seis semanas de estancia para rodar la película “Cómo gané la guerra” (1967) y  conectó con el entorno de Almería, viviendo en un palacete (hoy día es el Museo del Cine)  con vistas al mar, rodeado de naturaleza, jardines y piscina. Fue en este lugar donde escribió la famosa canción “Strawberry Fields Forever”, pues se embriagó de la naturalidad de Almería, de sus rincones más virginales, como sus calas, sus  amplias playas, esos desiertos dorados que el atardecer languidece con la mezcla de colores vivos y naturales. A Lennon le cambió su brújula interior al conocer Almería. Salió de la ola frenética de su Liverpool, de los focos de la fama y se sacudió por varias semanas de sus histéricas fans. En fin, decidió desmarcarse de la flecha impuesta por la sociedad y el resultado fue Strawberry Fields Forever. ¡Asombroso! Un pedacito de la carrera de Lennon está marcada por su visita a Almería, un oasis de calma y paz en medio de la fama y la fortuna.
Clint Eastwood fue otro que tuvo la suerte de que el destino le dirigiera hasta Almería. Su comienzo por Hollywood no fue brillante y nunca tuvo un papel relevante en la meca del cine norteamericano. Hoy, Clint Eastwood, es un aclamado director, actor, guionista, compositor y con un palmarés a su espalda, gracias, en parte, por elegir otro camino y  hacernos ver que el éxito no es cómo empieces tu carrera,  sino como la terminas. Algunos actores y actrices de Hollywood de los años 60 tuvieron un éxito rápido y abrumador y terminaron suicidándose. Es cierto que otros muchos artistas llegaron a la cima del éxito, pero no siempre se alcanza la plenitud por el mismo camino. Clint tuvo que pasar unos años por Almería para relanzar su carrera, dar un giro interior a su vida y convertirse en un referente en el panorama cinematográfico.
Películas como Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, dirigidas por un desconocido Sergio Leone, están ligadas a la carrera de C. Eastwood  con Almería, la cara opuesta de la ostentosidad de Hollywood. Al igual que Lennon, la brújula interior fue en sentido contrario a lo esperado, pero  al final del camino encontró el éxito personal, individual y  original de uno mismo. Cabe recordar que Clint Eastwood representaba en sus papeles un antihéroe, un lobo solitario, que se salía de las normas de estilo de películas norteamericanas que normalmente hacían en Estados Unidos con sus películas del oeste salvaje. Al final, el Spaguetti Western triunfó y nuestro Clint pudo impulsar sus futuros proyectos cinematográficos de otra manera diferente, más original y auténtica. Almería y su entorno es un gran escenario de las mejores películas, legendarias como Lawrence de Arabia, Indiana y Jones y la última cruzada, Cleopatra…y ¡cientos más!
Almería guarda con sigilo vestigios de un pasado de tradición árabe. 
Podemos contemplar la Alcazaba, la segunda fortaleza musulmana más extensa en España después de la Alhambra. Parece que el tiempo va más lento que en otros lugares pero que se ahoga en un mar de olvido. Por eso, tenemos que ser muy respetuosos con nuestro legado, cultura y raíces. Hay restos arqueológicos de época romana y musulmana por el centro de la ciudad. Por otro lado, Almería fue una de las provincias que más sufrió el azote de la Guerra Civil española, cayendo 750 bombas, por lo que no tuvieron más remedio que construir unos refugios subterráneos con más de 4 kilómetros de longitud, siendo uno de los mejores conservados de Europa. Pasear por esos refugios es como volver al pasado, o mejor dicho, mirar el presente con sumo dolor porque hoy día, lamentablemente, en muchos países se siguen bombardeando sin escrúpulos.
 Estos pasadizos subterráneos cayeron en el olvido, sellados por la historia, pero, fueron encontrados fortuitamente en el año 2001 al querer construir un aparcamiento subterráneo. Hoy, dichos refugios forman  parte de la red de Lugares de Memoria Histórica de la Junta de Andalucía.
Cabo de Gata, Almería. (A. Miñano)
Para terminar, este texto es una manera de ver que el mundo no es sólo lo que nos pretenden enseñar por televisión o la prensa. Tenemos que buscar nuestra brújula interior y reorientar nuestras vidas para mejorar como personas. Hay muchas “Almería” cerca de nosotros, pero los hilos de la sociedad nos marcan una dirección que creemos que es el único camino para lograr el éxito. No es así. A pesar de que estemos atascados en una sociedad que nos tienen atrapada como una tela araña, tenemos que buscar la salida para encontrar una Almería, un espacio diferente y cálido donde penetre en nosotros una nueva luz y un agua más cristalina. 
Recordar a Lennon y a Eastwood  me hace reflexionar que no hay nunca caminos que nos hagan retroceder en nuestras vidas, sino nuevas oportunidades llenas de aprendizajes que nos impulsan a nuestro destino final. Lo importante en este aprendizaje es estimular un pensamiento reflexivo, crítico y creativo, aprendiendo a filosofar de las cosas cotidianas que vemos en nuestro entorno más cercano. Es cierto que el mundo actual está sufriendo a nivel social, económico y que están saliendo a la luz la desmesura del hombre, la cara oscura de la humanidad, el llanto del hombre por la injusticia y la insolidaridad, pero, después de conocer Almería y reorientar la brújula interior, tal como hizo Clint Eastwodd y John Lennon, pienso que todos tenemos que ver un nuevo día, un nuevo modo de vida y un cambio en la actitud del hombre.


















domingo, 26 de junio de 2016


José Luis Ferreira

En los comentarios a una entrada en mi blog volvió a salir la palabra "neoliberal". No es la primera vez que me pasa, como no es la primera vez que quien la emplea no aclara ni su definición ni su porqué de emplearla en ese contexto. Al principio este abuso de una parte de la izquierda de llamar neoliberal a cualquiera que piense que alguna vez algún mercado ha funcionado mejor que una decisión de planificación central me parecía inocua. Hay gente incapaz de querer analizar las cosas por prejuicio ideológico, pero eso ya lo sabíamos, ocurre en todas las partes del espectro político. Pero tanta obcecación, ver que llaman también neoliberales a estos o a estos, tal vez sea indicativo de algo más, y esta es la reflexión que se me ocurre:

Hay varias razones por las que una revolución, aún bienintencionada, fracasa. Una de ellas es la presencia de estas gentes paranoicas cegadas por su ideología que ven enemigos en todas partes. Para ellos millones de personas son agentes de la CIA, contrarrevolucionarios, pequeños burgueses, reaccionarios, enemigos ocultos, etc. Si hubiera una revolución ahora los reconoceríamos porque son los que están repartiendo a diestra y siniestra la etiqueta de "neoliberal". ¿Qué clase de sociedad puede proponer gente que denota esta ignorancia y esta paranoia?

Es, en otra parte del espectro de las ideas, la misma actitud de los que ven herejes y pecadores por todas partes, o los que ven conspiraciones judías, o los que ven musulmanes socialistas en los sitios más insospechados. Coinciden en la paranoia y, si les dejan, coinciden en lo totalitario de sus métodos.

sábado, 25 de junio de 2016

Vivo en Venezuela, y a pesar de que tengo alguna pizca de anglofilia, no conozco mucho los pormenores de la vida política en el Reino Unido, y sólo he visitado ese país, una sola vez, hace más de diez años ya. Sólo puedo opinar a la distancia. Pero, en vista del Brexit, me parece que David Cameron merece una defensa.
            No me contentan los resultados del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Pero, como suele ocurrir, veo mucha hipocresía por parte de la izquierda. Los progres continuamente se oponen a los tratados de libre comercio, y frecuentemente enaltecen el valor de la soberanía. Hasta fechas muy recientes, en la izquierda europea se hablaba de Angela Merkel como la dictadora de Europa, y populistas como Pablo Iglesias coqueteaban con el euroesceptiscismo. Una vez que se ha concretado la salida de un país de la Unión Europea, promovida por un movimiento de derecha, entonces ahora sí, la izquierda viene a decir que la salida de Europa es fatal.

            En medio de todo este drama, la izquierda también reprocha a David Cameron de ser el culpable de la catástrofe. Lo empiezan a pintar como el mamarracho que permitió que los nacionalistas se salieran con la suya. Al parecer, la historia lo juzgará muy duramente.
            Yo, en cambio, simpatizo con Cameron, y lo veo como el Gorbachov de nuestros tiempos. A finales de la década de los ochenta del siglo pasado, había en la URSS una gran discusión entre los políticos y en la opinión pública, sobre la unidad y permanencia de aquel enorme país. Las repúblicas no rusas empezaron a presionar a Moscú para conceder referéndums independentistas. En medio de sus reformas, Gorbachov finalmente accedió. En todos esos referéndums prevaleció la opción independentista, y de la noche a la mañana, la URSS despareció silenciosamente.
            Muchos nostálgicos de la era soviética detestan a Gorbachov. Yo no. El propio Gorbachov quiso mantener la unidad soviética. Pero, prevaleció su criterio democrático. Él supo entender que, si los pueblos no rusos querían decidir su propio destino, un estadista que está comprometido con el cumplimiento de la voluntad popular, debe acceder a hacer esas consultas, aún si prevé que los resultados no le serán favorables.
            A Cameron se le acusa de haberse arriesgado innecesariamente, al acceder a un referéndum sobre la continuidad británica en la Unión Europea. Pero, ¿acaso debe un político convocar sólo aquellas consultas en las que él está seguro de ganar? Ciertamente, la irracionalidad del pueblo británico se ha impuesto. Pero, ¿tenemos autoridad moral para decidir dejar de ser democráticos cuando la mayoría se inclina por una opción que no nos agrada? La democracia exige compromisos, y eso implica aceptar lo que dicte las mayorías, nos guste o no.
            Ciertamente, Cameron no tenía obligación legal de acceder a ese referéndum. Pero, la vocación de un demócrata es oír a la voz de la voluntad popular que se expresa en la opinión pública, y se canaliza a través de distintos partidos políticos que logran hacer presión. Y, si hay un tema no resuelto en la opinión pública, lo verdaderamente democrático es convocar una consulta para decidirlo, aun si no hay obligación legal de hacerlo. Gorbachov tampoco tenía obligación legal de ceder a aquellos referéndums, pero estoy seguro de que la historia lo juzgará positivamente por esa iniciativa.
            Es muy probable que tras la iniciativa de Cameron, yacieran sus propios intereses. Cameron se enfrentaba a muchos problemas internos, y necesitaba alguna fuerza aglutinante. O, en todo caso, pensó que apaciguando a los partidarios del Brexit con un referéndum que él creería que ellos perderían, podría legitimarse más. Pero, a mí me parece que los intereses personales de Cameron son irrelevantes a la hora de juzgar el asunto: él cedió a la voluntad popular, como cualquier demócrata, sean cuales sean sus intereses, debe hacer. En cualquier país democrático, se busca gobernar por consenso. ¿Dónde está el crimen en tratar de apaciguar a una fuerza política para buscar la legitimidad?
            El propio Gorbachov también accedió a aquellos referéndums, obedeciendo parcialmente a sus propios intereses. La URSS estaba en ruinas, y Gorbachov desesperadamente buscaba reformas de liberalismo económico. Él sabía que la vieja guardia comunista no se lo permitiría nunca. Para intentar legitimarse, trató de encontrar aliados en las repúblicas no rusas. Los planes no le salieron como él esperaba. Pero, su intento fue digno. Como Cameron, prevaleció su criterio democrático, y buscó consenso.
        Los trogloditas comunistas repudian a Gorbachov, por no haberse comportado como el dictador al cual estaban acostumbrados los soviéticos, en su patético desfile de déspotas: Lenin, Stalin, Kruschev, Breznhev. Gorbachov resultó molestoso, porque fue el primer líder soviético que decidió dejar de gobernar por vía de la imposición, y creyó más en la posibilidad del consenso democrático. Quienes hoy critican a Cameron, implícitamente le reprochan el no haberse comportado como un dictador, y el no haber reprimido a toda costa un deseo que, al final, resultó ser mayoritario en el electorado británico. La historia, espero, juzgará positivamente a Cameron.    

jueves, 23 de junio de 2016

          

  Por Matías S. Holze


  El que diga que nunca creyó en supercherías, fraudes y mitos está seguramente mintiendo. Hasta el más ferviente escéptico fue alguna vez un supersticioso o un creyente en algo, sea timo espiritual o pseudociencia. Sobre esto la página Magufobusters dedicó una serie de interesantes post –titulado Magufos Anónimos- en que los escépticos cuentan cómo salieron del oscurantismo, el dogma y las irracionalidades varias. Yo claro, no escapo de esto.
 Entre los fraudes y vulgar estafas en los que creí se encuentra Zeitgeist, pedagogías alternativas, conspiraciones del 11 S. y otras, el psicoanálisis, chakras, “energías” misteriosas, reencarnación,  transgénicofobia,  10% del cerebro, hemisferio izquierdo “lógico” y hemisferio derecho “artístico”, Kimatica, “misterios” egipcios  e incluso me interesé por la teoría de los Alienígenas Ancestrales. Lamentablemente mi pasado es completamente magufo. Pero si hay algo que me permitió salir de la creencia en todas estas estupideces (y muchas más) fue sin lugar a dudas el ateísmo.
 Gracias a mi ateísmo innato siempre mi irracionalidad tuvo un límite, cuando veía que las idioteces en las que creía se empezaban a asemejar mucho a una religión (en su dogmatismo, ridiculez, etc.), inmediatamente me generaba un rechazo, el mismo que siempre me generaron todas las religiones. Me pasó por ejemplo, con el ocultismo del cual fui durante un tiempo estudioso aficionado.
  Gracias al ateísmo aprendí a debatir y por lo tanto razonar, y así cómo cuando yo tenía razón en los debates sobre religión y quería que mi oponente se rindiese  y abandonará el dogma para aceptar la razón y la evidencia, yo mismo abandonaba las creencias irracionales cuando encontraba argumentos sólidos y evidencias indiscutibles. Gracias al ateísmo abracé el escepticismo. Y por lo tanto agradezco al ateísmo por haberme orientado a sostener mi intelectualidad en el racioempirismo (esto es, basarse tanto en la razón como en la evidencia empírica). Debido a esto pude desarrollar una capacidad de pensamiento crítico más madura que en la actualidad me
produce, por lo general, cierta inmunidad a cualquier evidente charlatanería en la que pude haber creído en el pasado.
  El ateísmo puede ser un gran estímulo a transitar el largo camino en la ruta de la razón, el ateo que se limite a domesticar su pensamiento crítico en dioses y religiones sin extender su sospecha hacia cualquier tipo de dogma similar, avanzó en esta larga ruta solo unos pocos pasos, y siempre en esta quedará mucho por recorrer. No quiero decir que semánticamente el ateísmo involucre al escepticismo (cómo lo es a la inversa), pero el ateísmo puede ser, cómo en mi caso, un gran impulso hacia éste. Dios no está solo, es una ficción dentro del pensamiento mágico que convive con muchas otras, desde todo el arsenal de mitos new-age hasta todas las formas de pensamiento débil.
  Invito a todos los ateos a ser algo más que ateos. Los invito a extender su pensamiento crítico mucho más allá de ficciones tan fáciles y evidentes como los dioses. En la actualidad convivimos con muchas ficciones si no similares, aún peores. Reitero, .la razón es un camino que va mucho más allá que dejar atrás únicamente a los dioses. Siempre todos estaremos a tiempo de ser pensadores críticos, la única forma de librepensamiento y por lo tanto, de pensar correctamente por nosotros mismos.

 Sobre los divulgadores del ateísmo

 Me asombra y extraña un poco la voluntad  y la paciencia que tienen algunos colegas y conocidos divulgadores, escritores, ensayistas, etc. para debatir, escribir y tratar el tema de la religión y los religiosos. Les agradezco y los admiro. A mí el tema me aburre sobremanera, y lo lamento. Por lo general son temas a los que rehúyo un poco. No porque crea que no es conveniente o porque piense que este mal, al contrario, me gustaría tener la voluntad para hacerlo, pero me parece tan aburrido...
 Realmente pocos días son los que me acuerdo que aún existe gente devota del catolicismo; en todo mi entorno de amistades no hay un solo creyente religioso, ninguno. Mi ciudad (La Plata, Buenos Aires) no parece a mis ojos ser muy creyente, no hay muchas iglesias (las que hay son construcciones antiguas) y a la catedral van más por su belleza arquitectónica que otra cosa –cuando fui a Brasil noté totalmente lo contrario, creo que en dicho ambiente si encontraría más inspiración en combatir la religión. Quiero pensar que esto se debe a que La Plata posee muchas y buenas universidades, sumado al hecho de que las encuestas muestran un descenso casi general del religionismo (sobre todo en países donde se avanza en educación, y en donde se intenta apalear la desigualdad económica, aunque Argentina este lejos de esto).
  Cuando recuerdo que existe gente que cree en un ente inexistente propio de la invención de una tribu de pastores brutos de Medio Oriente hace milenios, al que le dedica su vida, me parece algo muy raro… hasta me perturba con razones. Personalmente prefiero escribir y divulgar sobre imposturas y fraudes insostenibles de otro tipo, falsas conspiraciones, pseudociencias, mitos, ideas posmodernas, ciertas posturas ideológicas, etc., me parecen más divertidos y sobre todo mucho más serios. Puedo entender que una persona crea que clavándose unas agujas pueda curarse una enfermedad, y cómo mucho entiendo que la gente crea que si alguien le pone la mano arriba de su cuerpo en reposo y la mueve le puede generar algo (como en el reiki). Pero pensar y escribir seriamente sobre creencias de gente que le habla a una estatua, pensando que habla con el creador del universo, me parece tal como ir a enseñar física a un manicomio. Como mucho pude escribir a duras penas sobre el agnosticismo, que me parecía una postura más o menos seria y muy cuestionable. Y aun así, con lo extraña que me parezca la religión, es una de las supersticiones más populares. Claro que su popularidad no quiere decir nada, citando a B. Russell: “El hecho de que una opinión haya sido ampliamente extendida, no es evidencia alguna de que no sea absurda; en vista de la estupidez evidenciada por la mayor parte del género humano, es más probable que una creencias ampliamente extendida sea una tontería”.
  Agradezco mucho que haya gente como mi amigo Janou Gleaser que dedica su talento y aguda inteligencia a cuestionar la religión, yo no podría, al menos, no con aquella voluntad y vehemencia. Siempre que trato otro tema, tomo a la religión como paradigma de dogma y absurdo –cosa que doy por hecho-, como si el debate sobre el tema nació con Demócrito y murió junto a Hitchens.
 Claramente creo que todavía hay mucho por hacer en este campo, pero también creo –tal vez muy optimistamente-, que cuando mi generación sea adulta si es que la sociedad logra continuar con un progreso sistémico, la religión no será más que una secta extraña y minoritaria. Este progreso depende de divulgadores del pensamiento crítico honestos e inteligentes, y ojalá yo pueda contribuir con ello de alguna forma.

 El ateísmo actualmente está creciendo de forma considerable en las sociedades que aspiran a ser ilustradas –esto no incluye a las actuales barbáricas teocracias de Oriente Medio, que asesinan y persiguen a los ateos-, cosa que celebro aunque es una lástima que no siempre sus métodos sean de lo más honestos. Y cómo en todo movimiento, siempre hay un sector reaccionario. Sin embargo el sector reaccionario más curioso no es el de los religiosos, ya que este es totalmente predecible, sino la reacción de un grupo de no-creyentes que envidian la capacidad de creer las absurdidades de los creyentes. Ante esto comparto completamente la opinión de Christopher Hitchens:
“Algunas personas ateas que conozco dirán que les gustaría poder creer. Algunos ex creyentes que conozco dicen que les gustaría tener fe otra vez. Yo no los entiendo en absoluto. Creo que es excelente que no haya razones para creer en estas propuestas absurdas. La razón principal de esto es que creo que es una creencia totalitaria. El deseo de ser un esclavo. Es el deseo de que haya una autoridad tiránica inalterable e indesafiable. Que puede condenarte por crimen de pensamiento mientras duermes. Que puede someterte a una vigilancia absoluta, en cada minuto de tu vida… ¿Dije vida?, antes de que nacieras y aún peor y donde lo más divertido empieza, después de tu muerte. Una Corea del Norte celestial. ¿Quién desea que esto sea cierto? ¿Quién sino un esclavo desea tan espantoso destino?”


  Algo con lo que los divulgadores del ateísmo deben tener mucho cuidado, es el hecho de que esta reacción de un confuso “vacío” por el hecho de no creer en una deidad, sea rellenada con la creencia en alguna otra forma de estupidez. Esto es realmente peligroso y es uno de los hechos por los cuales mientras el ateísmo crece, el movimiento new-age también.  Es por esto que todos los divulgadores del ateísmo deben tener en cuenta lo que he dicho anteriormente, el pensamiento crítico no termina en el ateísmo, apenas comienza. El combate a la superstición debe ser sistémico y profundo, de otro modo, lo más probable es que fracase derivando en una especie de intercambio de una idea peligrosa y absurda por otras ideas igual o peor en peligrosidad y absurdidad. Este es un fracaso que llevará consigo a un estancamiento o retroceso general de todo progreso humano deseable. No dejemos que el imperio del vaticano se convierta en el imperio del religionismo new-age. La superstición no debe actualizarse, debe eliminarse.




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