domingo, 28 de agosto de 2016


A cuenta de la interesantísima entrada de César Tomé López en Cuaderno de Cultura Científica he tenido discusiones acerca de qué es eso de que las leyes físicas (no sé si también las de otras ciencias) deben ser "necesarias". Son discusiones viejas que siempre vuelven a lo mismo, lo cual indica que no sirven de mucho. Esta es mi visión del asunto.

Empezamos con la primera ley de Newton, tomada de Galileo, esa que dice que un móvil en reposo o movimiento rectilíneo uniforme continúa en su estado a no ser que una fuerza lo altere.

Hay un argumento metafísico que dice que, puesto que nunca hemos observado un móvil sobre el que se ejerce ninguna fuerza, no hay observación ninguna que valide esta ley y que, por tanto, su veracidad y su necesidad lo son en un sentido metafísico. Dicho de otra manera: la metafísica es quien dice que es necesaria, no la empiria, y que es la metafísica quien distingue este fenómeno como ley necesaria de otros fenómenos que serían accidentales (como las carambolas que suceden cuando uno juega una partida al billar).

No le veo a este argumento ni pies ni cabeza. Ni la metafísica ni nadie tiene manera de decir que una determinada ley es necesaria en el sentido de que la realidad es tal que esa ley debe cumplirse, porque nadie sabe cómo es la realidad que produciría esa necesidad. A lo más que podemos aspirar es a que una teoría, un modelo de la realidad, propone esa ley como necesaria (axiomática, como la de la inercia en el modelo de la mecánica clásica) o deduce esa ley a partir de las axiomáticas (como las de Kepler se deducen de las de Newton). Si le atribuimos un valor de verdad es únicamente porque ese modelo nos permite interactuar con la realidad más y mejor que otros modelos alternativos. Es la empiria la que da validez al modelo y es en el modelo en el que se establecen las necesidades. Lo demás son castillos en el aire.

La distinción entre ley necesaria y accidente tampoco es ningún avance metafísico, puesto que la metafísica no tiene manera de efectuar esa distinción. Solo dice que en su castillo aéreo existen esas categorías, sin tener manera de encontrarlas en la realidad. Cualquier distinción que podamos hacer será arbitraria y estará basada en los observables, en el modelo y en lo que nos explica de la realidad. Una opción es decir que los elementos primitivos del modelo (las tres leyes de Newton, p.e., en la mecánica clásica) son las necesarias y los deducidos por ellos (las leyes de Kepler) son accidentales. Pero esto presenta dos graves problemas.

Primero, que dejaríamos de llamar leyes a cosas a las que seguiremos llamando leyes toda la vida. Segundo, que la elección de las leyes axiomáticas puede no ser única. Un modelo puede basarse en las proposiciones (axiomáticas) A y B y deducir la proposición C. Otro modelo puede basarse en las proposiciones (axiomáticas) A y C y deducir la proposición B. Ambos modelos serían igualmente válidos, deducirían las mismas cosas y tendrían la misma validación empírica. Serían, en dos palabras, observacionalmente equivalentes. No habrá nada que pueda demostrar que el verdadero, el que ha detectado las leyes necesarias, es uno u otro. La elegancia o la simplicidad de uno sobre otro nos puede hacer preferirlo, pero la naturaleza pasa de nuestras preferencias. Lo más que podríamos decir es que hemos observado en otras instancias que los modelos más sencillos tienden a ser mejores. Pero esto vuelve a ser observación empírica (con su modelo bayesiano que la explica).

En ciencia la manera de distinguir entre leyes y accidentes va por otra parte. Depende, sobre todo, del criterio de universalidad, pero sin poner fronteras precisas. ¿Se cumplen en cualquier posible universo? ¿solo en este? ¿Qué pasa con las leyes de otras ciencias? ¿no son tales? ¿la biología solo tiene accidentes? ¿no podemos hablar de leyes restringidas al conjunto de los seres vivos del planeta Tierra? Y el comportamiento humano ¿tiene leyes? ¿es necesaria o accidental la tendencia de los adolescentes humanos que existen hoy en día a pasar mucho rato delante del espejo? La ley de la demanda es una regularidad muy terca en economía ¿no merece ser llamada ley porque algún individuo pueda decidir comportarse en desacuerdo con ella?

En cualquiera de estos casos, el poner la etiqueta de "ley" o de "accidente" no es más que eso, poner nombres a cosas que acaso sirva para entendernos mejor, pero en el caso de la ciencia, dado que todo se sigue estudiando y cuestionando (accidentes y leyes incluidas) no sirve para hacer demarcaciones metafísicas, solo para decir que en los modelos que tenemos los accidentes o las leyes no universales son menos primitivas que las más universales. Ninguna metafísica hace nada mejor que esto que ya hacen la ciencia y su reflexión sobre ella, la epistemología.

sábado, 27 de agosto de 2016




He creado un grupo de debate en la red social para profesionales Linkedin. Os animo a uniros y a aportar vuestros comentarios y opiniones. Podemos aprovechar ese espacio para tener un debate que vaya mucho más allá de las entradas del blog.

Lo podéis encontrar AQUÍ.

Os animo a seguirme en Linkedin, una plataforma con gran potencial y muy interesante.

Roberto Augusto


miércoles, 24 de agosto de 2016



por David Osorio (@Daosorios)

En estos días de transfobia me ha llamado la atención que quienes discriminan a las personas trans hacen referencia indefectiblemente a la "ideología de género".

Antes de seguir, vamos a aclarar qué es la transexualidad, para que nos entendamos. Retomo las palabras de la doctora y sexóloga Ana María Caro, que escribe sobre estos temas en su blog Amaturum —que no sé qué esperan para empezar a seguir—:

lunes, 22 de agosto de 2016

22/08/2016

            Los modelos de paternidad/maternidad y de las relaciones mutuas paterno/materno-filiares han cambiado mucho históricamente. Yo añadiría que han cambiado a mejor. En lo que sigue, simplemente reflexionaremos un poco acerca de estos cambios y otras cuestiones relacionadas con el cuidado y educación de los hijos.

domingo, 21 de agosto de 2016


José Luis Ferreira

Los dos problemas económicos principales a que se tiene que enfrentar cualquier sociedad son el de la producción y el del reparto.

Que hay un problema económico en el reparto es algo que ve fácilmente todo el mundo, dadas las evidentes desigualdades económicas. Tanto lo es, que para muchos es este el único problema económico, cuya solución pasa por fuertes políticas igualitarias para garantizar un reparto más justo (desde impuestos o gastos más progresivos hasta revoluciones). A menudo se olvidan de las consecuencias que estas políticas tendrán sobre la producción.

Pero no voy a hablar aquí de las consecuencias de la redistribución en la producción (tal vez en otra ocasión) ni de los problemas de la distribución. Me interesan ahora los problemas propios de la producción, menos conocidos. Lo más ilustrativo será poner unos ejemplos (no cherry picking, los ejemplos son representativos de los problemas productivos):

1. En mi encuentro con ingenieros y físicos, parecen entender la producción como un problema casi exclusivamente tecnológico. En un nivel, el que se refiere estrictamente a la producción, esto es ciertamente así, pero en un sentido más amplio deben incluirse las decisiones de qué producir y con qué tecnología. El qué producir es una decisión de riesgo. ¿Estaremos produciendo mucho o poco? ¿Alguien querrá lo que producimos? ¿Lo querrán al precio que queremos vender? La decisión de elección de la tecnología puede parecer ser la parte exclusivamente ingenieril, pero no es así. Muy a menudo compiten varias tecnologías para producir un bien o servicio y con la complicación de que esas posibilidades tecnológicas pueden cambiar en el futuro, así que hay que tomar otra vez decisiones de riesgo. Y todo esto sin hablar de los problemas de buscar proveedores, clientes, respaldo legal, decidir cómo crecer, cómo invertir, repartir beneficios, etc.

2. Unos obreros toman una fábrica (a la fuerza, tras una negociación, como pago por sus salarios atrasados, como caída de la URSS,...). Son perfectamente competentes en las tareas de la fábrica, se conocen los procesos de fabricación y saben quiénes son sus proveedores y clientes. Tienen toda la información, pero a menudo fracasan. De igual manera, un país inicia su revolución socialista realmente existente, se apropian las masas de los medios de producción que conocen y manejan perfectamente y vuelven a fracasar. Ha faltado todo lo que señalaba en el punto anterior. No saber estas cosas es lo que me hace pensar que muchos de mis contertulios científicos sean simpatizantes de ideas marxistas o similares. No ven el problema económico de la producción, solo el limitado de la transformación de inputs en outputs.

3. En tiempos modernos, con parte de la humanidad desnutrida o, directamente, que se muere de hambre y con los recursos materiales para evitar esa situación, uno puede muy bien también caer en la tentación de pensar que no hay problema de producción agrícola o que su solución sería muy fácil. Y ciertamente lo sería, a corto plazo. Tomando cualquiera las riendas de la producción agrícola del mundo podría repartir lo producido para eliminar el hambre, porque ahora se produce lo suficiente. Sin embargo, sin un plan viable de qué hacer al día siguiente, el problema volverá a surgir y con mayor intensidad (vean la historia agrícola de la URSS y de la China de Mao).

El problema, claro está, es mantener la producción y para ello hay que mantener el incentivo para que los millones de agricultores, obreros, inversores, propietarios,... sigan tomando las decisiones de producir eficientemente y eso no se soluciona solamente con tecnología, a pesar de ser absolutamente necesaria, y lo que debe acompañar a la tecnología no es ideología, precisamente, sino buena economía.

martes, 16 de agosto de 2016

Peter Singer, defensor de una ética favorable a los animales
16/08/2016

            La semana pasada hablábamos de las dietas veganas y si sería conveniente que los padres veganos alimentaran a sus hijos de acuerdo a su misma dieta. Vamos a intentar ahora hacer un repaso un poco más general del veganismo y no solo en lo relativo a la dieta, lo que por su extensión haremos en dos entregas (1ª parte y 2ª parte).
Tom Regan, defensor de los derechos animales
16/08/2016

                  En la entrada anterior decíamos que el argumento del sufrimiento no justifica satisfactoriamente el veganismo. Pero tal vez podría justificarlo si añadimos que el hecho de matar a un animal (aunque sea de forma indolora) es inmoral en sí mismo. El problema de esto es encontrar una razón suficiente que haga inmoral esa muerte y que no nos lleve al callejón sin salida de la sacralidad de toda forma de vida (incluidas plantas, etc.).

domingo, 14 de agosto de 2016


José Luis Ferreira

De vez en cuando tengo discusiones sobre la metodología de la Economía. La situación recurrente es que mi interlocutor sabe algunas cosillas de qué hace la Economía, pero sin entender su alcance dentro del resto de más cosas que se hacen y no sabe. Por ejemplo, mi interlocutor sabe que tenemos modelos en los que la gente es racional y egoísta, o que tenemos modelos con mercados competitivos. Y, claro, todo el mundo sabe que los seres humanos distamos mucho de ser racionales y que a menudo no somos egoístas. Y también sabe que los mercados competitivos, por su parte, solo existen en la imaginación calenturienta de unos economistas que no conocen la realidad.

Me centraré en la hipótesis de maximización del bienestar propio. Con esta hipótesis en la mano (y alguna otra) se desarrolla el modelo de Equilibrio General donde se estudian las condiciones en las cuales los mercados son eficientes (entre otras cosas). Esto es interesante por múltiples razones:

1. Podemos explicar unas cuantas regularidades de la historia económica.

2. Podemos hacer algunas recomendaciones de política económica para generar las condiciones en las que se da la eficiencia. Recuérdese que eficiencia económica implica usar los recursos de manera que no se derroche ninguno, incluido el medio ambiente. Ecología pura, vamos.

3. Podemos proponer mecanismos de regulación del mercado o mecanismos alternativos al mercado cuando no se dan las condiciones idóneas del modelo.

4. Podemos entender que maximizar el bienestar propio (la utilidad de los individuos y los beneficios de las empresas) no solo no tiene por qué estar reñido con la eficiencia económica sino que es parte necesaria para conseguirla. Siempre que se den el resto de las condiciones, claro está.

Hay quien dice que nada de lo anterior está bien hecho porque todo se sustenta en una hipótesis que sabemos falsa. Basta con observar a un individuo que no es egoísta alguna vez para saber que no estamos ante una ley verdadera.

Esta objeción tiene varias respuestas:

1. La falsedad de las premisas no es en sí misma relevante. Lo relevante es si el modelo realizado con ellas nos sirve para entender la realidad mejor que otros modelos deducidos de otras premisas. Así, muchos de los modelos de mecánica celeste asumen astros que son puntos en el espacio, de igual manera los mapas de las ciudades son planos, los choques de dos cuerpos son elásticos o los gases son ideales. Se me responde que estas son aproximaciones que no intentan ser leyes generales. Pero es eso mismo lo que hacemos en Economía. Los supuestos no son leyes, son simplificaciones, como cualquier modelo o teoría en cualquier ciencia. La única que aspira a que sus supuestos sean coincidentes con todas las entidades reales es la Física de partículas. Todas las demás parten de simplificaciones, ya que nunca deducen sus leyes directamente de la Física de partículas. Las leyes, por otra parte, no tienen que ser leyes universales ni leyes que tengan en cuanta todos los efectos, pueden ser locales, parciales y medidas en términos estadísticos. La mayoría de las leyes en todas las ciencias son así. Si no quieren llamarse leyes, llámense regularidades. El nombre es lo de menos.

2. Criticar el modelo sin proponer alternativas es inútil. De acuerdo, a veces no somos egoístas y mostramos comportamientos altruístas, pero mientras el comportamiento egoísta prevalezca cuando uno va al súper a comprar (y quiera sacar el máximo partido a su dinero) no tiene sentido sustituir la hipótesis egoísta por la altruísta para estudiar el comportamiento en los mercados anónimos. El modelo actual explica bien qué sucede en ellos cuando se pone un impuesto, una cuota, un precio regulado, una limitación de entrada,... El supuesto altruísta no hará mejores análisis. De hecho, en la mayoría de los casos no hará ningún análisis, puesto que no llevará a ninguna conclusión.

3. La Economía sí usa supuestos no egoístas. Los estudios de la economía familiar, por ejemplo, suponen que los padres se preocupan del bienestar de los hijos. Pero es más, no hay ningún problema en la Economía estándar en suponer que también nos preocupa cosas como el nivel de igualdad de la sociedad y deducir que esto implica un dilema del prisionero. Por una parte queremos dedicar recursos a reducir la desigualdad, pero por otra parte queremos no ser nosotros quienes paguemos. La conclusión es un contrato social (es una manera de hablar) según la cual aceptamos que parte de nuestros impuestos (que nos obligamos a pagar y no lo hacemos voluntariamente, como bien explica la hipótesis egoísta) se dediquen a esas políticas.

4. Son los economistas académicos quienes han desarrollado modelos alternativos a la maximización de beneficios, como las dinámicas evolutivas, de imitación, de aprendizaje,... y los que han estudiado las situaciones en las que nos manifestamos comportamientos altruistas (grupos pequeños, interacción repetida, existencia de normas sociales,...) y han encontrado también algunas regularidades. De momento no sirven para explicar mejor el comportamiento de los mercados anónimos y otras instituciones económicas en las que se basa la mayor parte de la actividad económica, ni sirven para proponer mecanismos económicos distintos en la mayor parte de esa actividad, aunque sí empiezan a dar pistas de cómo hacer algunas cosas en alguna de la menor parte. Hace un tiempo tuvimos por Madrid a Ernst Fehr hablando de estas cosas.

sábado, 13 de agosto de 2016




13/08/2016

            Varias noticias han suscitado la polémica relacionada con los menores y el veganismo. La última, la propuesta de una diputada italiana para penar con años de cárcel a los padres veganos que dañen a sus hijos por imponerles su misma dieta.

viernes, 12 de agosto de 2016

     Michael Phelps es el mejor nadador de la historia, pero eso no impide que la comunidad científica emita críticas en su contra. Phelps ha acudido a la terapia del cupping, la cual consiste en colocar vasos de vidrios calientes sobre algunas zonas del cuerpo, a fin de reventar algunos vasos capilares, y esto deja unas marcas moradas sobre el cuerpo. Supuestamente, eso sirve como estímulo  para el sistema circulatorio en esa zona del cuerpo, y se logra más fuerza muscular.
            Esa técnica procede de la medicina tradicional china. Lo mismo que respecto a la acupuntura, los científicos saben muy bien que, en realidad, tal técnica no concede ningún resultado fisiológico. A Phelps parece funcionarle muy bien, pues sigue siendo el rey de la natación. Pero, su efecto no pasa de ser psicológico. Es un mero placebo.

            ¿Hace daño? La práctica no es intrínsecamente peligrosa, más allá del dolor momentáneo que puede sentir el paciente cuando se le colocan los vasos de vidrio calientes. Pero, toda terapia pseudocientífica lleva el riesgo de que, cuando se trata de males más graves, el paciente abandone los métodos curativos que sí funcionan, y opte por esas mamarrachadas.
            Me parece que lo que Phelps hace no es tan grave como lo suponen algunos de sus críticos. Él sólo está usando esa técnica para ganar una competencia él mismo. No está diciendo a los pacientes con cáncer que abandonen la quimioterapia para tomar hierbitas y someterse a ramazos dados por un brujo.
Lo ideal sería, por supuesto, que Phelps entendiese que esas terapias en realidad no sirven para nada, y que asumiera una actitud plenamente racional. Pero, en el deporte, esto es sumamente difícil. Desde el siglo XIX, cuando la antropología se encontró con las supersticiones de muchos pueblos, se intentó establecer una diferencia intelectual entre los pueblos primitivos, y los pueblos más intelectualmente avanzados. Los primitivos, se decía, piensan más irracionalmente, y por eso, emplean tantos procedimientos de magia; mientras que los modernos utilizan más la racionalidad, y se guían por la ciencia.
Pero, pronto, los antropólogos empezaron a documentar ejemplos de supersticiones en actividades muy modernas. Un famoso estudio del antropólogo George Gmelch, documentaba los pequeños rituales mágicos a los que acuden los jugadores de béisbol: no pisar la raya de cal, tocar un número específico de veces el casco a la hora de batear, etc. Gmelch descubrió algo muy interesante: las supersticiones son mayores cuando se batea, que cuando se fildea. ¿Por qué? Porque, en el béisbol, hay más probabilidades de fracaso bateando que fildeando.
Y, esto revela algo muy recurrente en las conductas supersticiosas y en la magia en general: su incidencia aumenta frente a la incertidumbre. Malinowski, quizás el autor más importante de toda la antropología, célebremente documentaba cómo los trobriandeses acudían a la magia cuando salían a navegar en el mar abierto, pero no lo hacían cuando salían a navegar en la laguna, con aguas mucho más tranquilas. En momentos de angustia e incertidumbre, se es más vulnerable a abandonar la racionalidad.
Phelps está en las olimpíadas, un evento que es psicológicamente duro para cualquier atleta. Ocurren sólo cada cuatro años, compitiendo contra los mejores atletas del mundo, y el planeta entero está a la expectativa. Esto no es la competencia del barrio. Es natural, entonces, que ante la incertidumbre y el estrés conduzcan a alguien como Phelps al pensamiento mágico.
En función de ello, creo que no debemos ser tan duros con Phelps. Muchos dejamos pasar que Karl Malone repitiera unas palabritas antes de lanzar el balón desde la línea de tiros libres, o que David Luiz se arrodille y mire al cielo cada vez que sale a jugar. ¿Por qué no hemos de dejarlo pasar con Phelps?
Se dirá que mucha gente, al tomar a Phelps como modelo, acudirá al cupping, y en ese sentido, Phelps sí es mucho más reprochable. Lo que hacen Malone o David Luiz es abiertamente mágico religioso, y poca gente está dispuesta a repetir una actividad tan irracional; en cambio, lo que hace Phelps es pseudocientífico, y eso es mucho más peligroso, porque da la impresión de que se está sometiendo a un procedimiento aparentemente científico pero que, en realidad, es una mamarrachada.

Quizás. Pero, si a modelos vamos, creo que en el deporte hay muchos otros atletas que hacen cosas terribles, y que también sirven como modelos negativos a mucha gente. Barry Bonds, con sus esteroides, puede sembrar en muchos jóvenes la idea de que, inyectándose sustancias peligrosas, podrán ser grandiosos bateadores. Incluso, Messi con sus tatuajes puede conducir a las maleables mentes adolescentes a hacerse los mismos tatuajes en sus cuerpos, con tal de parecerse a él. Un tatuaje, con su riesgo de hepatitis, infecciones o reacciones alérgicas, puede ser bastante más peligroso que el cupping. Seamos más consistentes, y critiquemos con mayor proporcionalidad.
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